“¿Usted nunca se ha tomado “selfies” llorando?, preguntó una joven y todos los que estábamos ahí nos reímos; “no, pero si me eché una lloradita este fin de semana”, le contesté.
Y es que después de varios días con acontecimientos y situaciones inquietantes se me llenó el vaso, hasta que se desbordó en forma de lágrimas.
Antes de eso hubo un desfile de emociones: tristeza, decepción, coraje, incertidumbre…
Y aún con el mérito de los detonadores les resté importancia y dudé de mi: “¿será la menopausia?”, le dije a unas amigas, más que como un pregunta, como afirmación; y una de ellas, un tanto en tono médico dijo que quizás, sí la pre-menopausia.
Horas después de la imitación de Victoria Ruffo (los fans de las telenovelas saben de qué hablo) veía las cosas de modo diferente; no puedo decir que todo era un mundo de caramelo, pero ya no se veía tan gris.
¿El llanto tiene poder?, creo que si; poder liberador, poder sanador y reparador; tampoco se trata de convertirlo en un hábito o que llegue a formar parte de nuestra rutina, pero puede ser un recurso a utilizar, ahora sí que como dice la conocida frase “úsese solo en caso de emergencia”.


