En general, el término ‘empoderamiento’ se emplea en textos de sociología política con el sentido de ‘conceder poder [a un colectivo desfavorecido socioeconómicamente] para que, mediante su autogestión, mejore sus condiciones de vida’. Pero en la actualidad, ya no se asume que el poder se “concede”, porque eso implica que otro sea quien otorga el poder a quien antes no lo tenía. Hoy por hoy, se sabe que el poder se adquiere (no se concede).
En el caso de las mujeres, el empoderamiento se refiere precisamente a la adquisición de poder, no como sustantivo, sino como verbo, porque no se trata de ejercer poder sobre otros, sino de poder hacer cosas por una misma. Es un “yo puedo”.
Ese es el verdadero y más valioso significado del empoderamiento, porque mientras más podamos hacer por nosotras mismas, menos dependientes y menos vulnerables seremos. Pero no podemos esperar a que se nos otorgue o conceda el “permiso” o el reconocimiento de nuestro poder. Nosotras debemos construirlo, constituirlo y consolidarlo; eso cuesta trabajo y determinación. Pero, como yo no conozco a dos mujeres iguales, el grado de poder que se desee adquirir lo decide cada cual.
Es importante dedicarnos a aprender a hacer cosas por nosotras mismas, a procurarnos nuestros propios medios y a hacer valer nuestras capacidades, porque una sociedad con mujeres empoderadas (mujeres que pueden), siempre será una sociedad más fuerte, más rica, más funcional. El empoderamiento nos libera del papel de víctimas, aunque lo hayamos sido por siglos. El empoderamiento nos libera del sometimiento condicionado, porque solo conquista su libertad quien lucha por su independencia e independencia significa no depender….solo así podrá haber verdadera colaboración entre los géneros.
Por eso, el empoderamiento, se refiere al poder no como sustantivo sino como verbo: “yo puedo” y no necesito “permiso” ni “concesiones” para poder. Yo puedo, tú puedes, nosotras podemos. Y aunque esto suene a canción de Arjona, es la mera verdad.


