Entre ‘FIFÍS’ te veas

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“Fifí es un junior de nuestros tiempos, conservador que no quiere un cambio, está a favor de un régimen autoritario y finge ser liberal”. Esto declaró nuestro próximo presidente el pasado 21 de noviembre en una entrevista dada a Carmen Aristegui.

Yo, como él, soy de etiquetar a la gente; principalmente a mi…, por ejemplo, para referirme a mí mismo señalo mi “cabellera incipiente” (estoy medio pelón), mi altura (mido 1.70 cms.), mis barbas o que soy Chilango. Pero tampoco lo hago como deporte nacional o para referirme a tal o cual gremio, sector de la sociedad o inclinación político-idelógica. No generalizo, pues.

Ser fifí supone ser “junior”, es decir, este buenoparanada individuo que vive de la riqueza generada por el trabajo (honesto o no) de su padre, que – además – abusa de dicha ventaja económica para dárselas de bonvivant y resultar ser – al final del camino – un lastre para la familia, la sociedad y el país mismo. Un “junior” es un “Nini” pero con lana.

Ahora bien, ser fifí también supone ser conservador (“que no quiere un cambio”, dice nuestro presidente electo)… y yo pienso… pues cómo lo va a querer si se da la buena vida sin que nada le cueste. No queremos cambio diría, un fifi, porque así como van las cosas están bien (chidas, cool, conmadre… esto según la zona geográfica del tal individuo). Ser conservador es no querer cambios… insisto… a decir de AMLO.

Además, ser fifí es estar a favor del régimen autoritario. Ok. Si el fifí de marras (valga la expresión) votó el pasado 1º de julio por otro individuo distinto a nuestro próximo presidente… ¿esto quiere decir que apoya a un régimen autoritario (entendiendo como autoritario algo así como priismo o panismo)? Yo dudo mucho que un fifí (que es, además “junior” y “conservador” tenga la cabeza para apostarle a un régimen autoritario.

Finalmente, ser fifí implica fingir ser liberal, esto es “open minded” o lo que es lo mismo, pretende violentar las instituciones (matrimonio tradicional, sí al aborto, sí a la eutanasia, sí a la libre expresión de movimientos a favor de los animales, la ecología o del sector LGBTTTA), pero realmente va a Misa los domingos, se confiesa una vez al año y cosas parecidas.

Ser fifí, después de este análisis, se me hace algo confuso (y hasta ontológicamente inviable), pues es la encarnación de la hipocresía pura; es la exaltación de lo que pretendemos ser, pero no somos; es algo así como ganar como Senador pero vivir como proletario; ser fifí es leer a Smith pero argumentar como Marx. Ser fifí es, a decir de AMLO, ser lo peor de lo peor… simple y sencillamente porque no pienso como él y, como consecuencia, no lo apoyo.

Me preocupan las etiquetas, pero sobre todo las etiquetas que generalizan y más aún las etiquetas que acuña y asigna un político de la importancia de nuestro aún presidente electo.

Poco más del 53% de los votantes lo hicieron por AMLO, es decir que poco menos del 47% lo hizo por algún otro candidato. El 100% de los votantes fueron poco más de 56.5 millones de habitantes, siendo el padrón de casi 90 millones de los mismos. Es decir, hubo una participación mayor del 63%. Dejaron de votar más o menos 33 millones de ciudadanos. (Fuente: INE)

Los votos recibidos por MORENA y sus aliados fueron poco más de 30 millones, esto representa alrededor del 24% de la población total de nuestro país. Además, los votos que no beneficiaron ni a AMLO ni a su corriente son poco menos de 60 millones. Lo que significa que hay una alta probabilidad que hayan por ahí, en el mundo, más fifís que los que creemos. (Fuente: INE)

Nuestro próximo presidente, MORENA y sus aliados, ya lo hemos dicho, tienen todo para hacer las cosas extraordinariamente bien. Tienen la posibilidad de callar muchas bocas. No hacerlo se pondrá en riesgo (en tres años) la “cuarta transformación” pues allá afuera hay muchos fifís que estarán al acecho.

Seguiremos atentos.

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