Falsos conceptos

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En la Ciudad de México la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, junto con el Secretario de Educación Pública Federal, Esteban Moctezuma Barragán, informaron a la opinión pública sobre la nueva medida en la que los alumnos no estarán obligados a llevar falda o pantalón del uniforme escolar de acuerdo a lo que tradicionalmente sucedía.

Yo recuerdo, y ahora lo vivo, que en mi escuela primaria en épocas de frío era posible para mis compañeras llevar el pantalón del uniforme. Incluso recuerdo que algunas de ellas ya llevaban el pantalón, si bien de manera no habitual. En la escuela de mis hijas que lleven falda o pantalón no es un tema de rigurosa necesidad. Es decir, lo que sucede en la realidad va muchas veces más allá de lo que sucede en las circulares de los gobiernos locales y/o federales.

Lo sorprendente de esta disposición es que se pretende hablar de igualdad y equidad, donde a mi juicio, lo que justamente se está perdiendo de vista es que lo que se logra con estas normas es la pérdida de identidad. Se homogeneiza a la persona y se le “mete” dentro de un molde donde lo importante no es, solo, si usa falda o no (recordemos que los escoceses ya la usaban desde siglos atrás, o que los africanos o culturas precolombinas no utilizaban el pantalón como indumentaria), sino que se viva una mal concebida libertad de género.

Ser varón o mujer es intrínseco a la naturaleza, no sólo humana, sino de los demás seres vivos superiores, independientemente de cómo se despliegue la sexualidad. La creación de un género no es casualidad o invento social, sino consecuencia de lo que somos desde el punto de vista biológico. Esto por un lado.

Por otro, decíamos, el modo cómo se despliegue esa sexualidad es algo eminentemente humano. Ni los animales salvajes tienen Kamasutra, ni los domésticos son homosexuales, ni los homínidos son infieles. Esto es algo eminentemente humano… Cómo nos vistamos es consecuencia de la moda, de las corrientes de pensamiento y de cuestiones sociales, no se trata, pues, de cuestiones de igualdad o equidad.

Son falsos los conceptos en los que pretendemos equiparar lo masculino o lo femenino con cuestiones estéticas. Es falso el concepto en el que queramos igualar lo masculino o lo femenino con tolerancia y cuidado de la salud del estudiante, en este caso, pues es quien usa el uniforme. Es falso el concepto de entender igualdad y equidad con homogeneidad, perdida de individualidad o, incluso, diversidad.

Utilizar por parte de los estudiantes falda o pantalón no condiciona, pero sí confunde, en momentos de la vida donde lo que se requiere son definiciones claras por parte de los adultos los rodean. Pensar que la falda o el pantalón, o el arete, o el maquillaje, o el pelo largo, o lo que se nos ocurra son símbolos de apertura y que con ello se genera tolerancia es pensar que la pulmonía se atiende como si fuera una simple gripe de temporada.

La tolerancia, el respeto, la diversidad son manifestaciones culturales. Son realidades que surgen de manera espontánea por parte de la sociedad. Ni las invitaciones político-sociales, ni las medidas rimbombantes, ni las imposiciones -insisto- de carácter estético (y me refiero a esto con la moda en el vestir) pueden generar tolerancia, respeto y empatía hacia la diversidad, cuando en el ambiente se respira lo contrario.

Postular medidas, legalizar, prohibir o tipificar son acciones similares que lejos de abonar para la consecución de un Estado con bienestar común y social propicia estigmatizaciones y segmentación de las distintas realidades culturales que se viven en un país tan complejo como México.

En una película protagonizada por el actor méxico-norteamericano Edward James Olmos (Stand and deliver – Con ganas de triunfar) escuche la frase: “… hay dos tipos de racismo (discriminación): aquella en la que se señala a los miembros de una minoría y aquella en la que no se señala a los miembros de una minoría”… vaya dilema en el que nos metimos.

Esta Jirafa sigue atenta.

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