General asesinado

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No hay pesquisa que pueda despejar tantas dudas que despiertan algunos asesinatos. Las investigaciones periciales y las hipótesis no resuelven la incertidumbre que deja quien muere como murió el General Ricardo César Niño Villarreal al lado de su esposa Flora Pineda Orozco. Simple y sencillamente no hay respuesta para tantas preguntas alrededor del caso.

Y así como no habrá consuelo para sus hijos y demás familiares con el esclarecimiento de los hechos, tampoco hay satisfacción plena para la opinión pública con las pistas que las autoridades dan para contestar a todas las interrogantes.

¿Por qué el General Niño andaba despistadamente en un vehículo viejito y sin escoltas con un fajo de 240 mil pesos en la cajuela? ¿Por qué traía una esclava de oro tan llamativa? ¿Por qué sus manos estaban enfundadas con guantes especiales? ¿Por qué viajaba el sábado 1 de noviembre de Nuevo Laredo hacia Monterrey, de noche, por la carretera libre y no por la autopista de cuota?

Ricardo César Niño Villarreal era un gran coordinador regional de la Secretaría de Seguridad Pública de Tamaulipas, con sede en Nuevo Laredo, pero con atención también a los municipios de Ciudad Mier, Miguel Alemán y Camargo.

Post mortem se le rinde homenaje a su valentía porque había corregido muchas cosas en la llamada Frontera Chica, y logró bajar el número de delitos, según el Secretario de Seguridad Pública de Tamaulipas, quien, igualmente, le sigue indicios a los grupos que habían colocado mantas en Nuevo Laredo quejándose de su actuación, hace algunas semanas.

Y su hermano, además, ha confirmado que el General le comentó haber recibido amenazas de muerte, a la vez que ha quedado establecido que éstas se cumplieron rotundamente pues fue rafagueado el sábado a lo largo de dos kilómetros con armas AR-15 y AK-47, en Vallecillo, Nuevo León, muy próximo a Sabinas Hidalgo.

Acribillados él y su esposa en el kilómetro 1272 de la carretera libre Nuevo Laredo-Monterrey, sus cuerpos permanecieron dentro del Nissan Tsuru 1991 toda la madrugada del domingo, entre matorrales y hierba crecida por las últimas lluvias abundantes en la región. Hasta que al mediodía del domingo unos traileros llamaron para dar a conocer tan espeluznante noticias.

El General Niño había salido de sus oficinas en Nuevo Laredo a las 8 de la noche sin conocerse el lugar en que recogió a su esposa, pero sí hay seguridad de la hora en que llamó a sus hijos en Monterrey para avisarles que ya iban en camino: las 8:30 de la noche. Después, silencio total. ¿Alguien interceptó esta comunicación telefónica? ¿Fue la guía para “cazarlo” en el silencio de la noche? ¿Por qué, por qué, por qué?…

Lo que llama la atención es que solamente le robaron al General su teléfono celular y el bolso de su esposa, pero los delincuentes tuvieron la desfachatez de darle un tiro en el rostro con la propia escopeta del asesinado, quien con dicha arma los había enfrentado. Sin embargo, dejaron su cartera intacta, y no tocaron la esclava de oro ni el fajo de 240 mil pesos de la cajuela.

¿Era el sueldo sobresueldo que había cobrado? ¿Y por qué lo traía en efectivo? Y si ya tenía amenazas de muerte, ¿por qué descuidar su custodia y no hacerse acompañar, aunque fuera a distancia, por sus guardaespaldas? Y, en todo caso, si no quería custodios ¿por qué no utilizó el vehículo blindado que se le había asignado?

No es justo quedarse con tantas dudas e interrogantes. Pero ¿quién podrá dar testimonio de la verdad de los hechos? Por lo pronto, descanse en paz el General Ricardo César Niño Villarreal y su esposa Flora Pineda Orozco.

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