Gracias a Dios … y a Rusia

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Como nunca, en mis 34 años de periodista cubriendo elecciones desde 1985, estoy hasta la madre de las campañas electorales y contando los días para que esta pesadilla termine el 1 de julio próximo acudiendo a las urnas.

Si bien quedaron en el pasado aquellas campañas que en los años ochenta, noventa y parte del nuevo siglo duraban hasta un año, tres meses sigue siendo demasiado tiempo perdido, pero sobre todo toneladas de dinero tirado a la basura. Dinero nuestro.

Cientos o miles de millones de pesos se gastan los partidos, los candidatos y el INE para financiar a miles y miles de candidatos de todas las posiciones en disputa, mientras los índices de pobreza y la extrema pobreza en México siguen intactos, o peor, se incrementan.

Ojalá el próximo presidente de México, que parece que será Andrés Manuel López Obrador, pero sobre todo los diputados y senadores, sean iluminados en sus cerebros por un ser supremo para reducir a un mes o quince días las actividades proselitistas para presidentes, gobernador y demás puestos.

Desde hace más de 30 años en Italia las campañas duran un mes y, me dice un buen amigo, que en España las pasiones electorales arrancan y terminan a los 15 días. Hasta en eso estamos retrasados.

No se vale, también, tanto estiércol en los contenidos de los spots expuestos a los niños que ven el odio del ser humano en todo su esplendor.

Sobre este punto los legisladores deberían reformar las leyes electorales para que en horarios después de las diez de la noche se paute toda la mugre electoral en los medios tradicionales y, se penalice hasta con la desaparición del partido y el retiro de una candidatura, a quien lo haga en las nuevas plataformas digitales y redes sociales.

¡Ya basta tanta mugre en este México donde lo que no sobra es, precisamente, la basura política!

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