Gringos salerosos

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Pos nada que los gringos siguen como medio guatosos, por aque’o de que se les jue la gallinita de los blanquillos de oro.

Con eso de que el peso ‘ta recaro a casi 18, “munchos” viajeros aztecas ya le “empiensan” en darse la vueltecita como lo hacían con facilidad salerosa hace pocos meses.

Que si los regios se jueron pa’ Laredo, pa’ sacarle la vuelta a las SDR (oséase situacioncillas de alto riesguillo) como las quemazones de taxis o los bloqueos con tráilers quesque los guachos les cacharon otro fat fish (pez gordo) y como que les da “muncha” tentación de defender a su jefecillo.

Lo güeno es todavía no se les ocurre copiar las tácticas yihadistas como la que pasó el Martes Santo en Bruselas, donde unos orates se autoexplotaron, pa’ matarse y llevarse con ellos a 34 almas cristinas.

Esto viene al caso porque les decilla que pos sacándole la vuelta a McAllen pos decidí tomar la ruta corta de Reynosa-Monterrey-Laredo, pa’ sacarle la vueltecilla a la Ribereña, porque ya andaba yo medio sarandeado con tanta quemazón y balacera de estos lares.

Estuvo medio largo el camino, pero bueno, todo sea pa’ apreciar las bellas carreteras regias que no tienen baches y sí muy güeñas luminarias.

Pa’ no hacerles el cuento largo, siéntensen bien cómodos y les diré que llegado a Nuevo Laredo, apenas cruzandito en la salidita hacia el Puente III, había una cola de aquellas que dije “ups, que buen remedio”, porque yo iba el fin pasado a Houston y necesita mi papelito, mi permiso para internarme más allá de la border.

Pero luego un gringuito con carita de ángel, como los que hay por acá de la border en Hidalgo, igualito brody, me empregunta “¿les puedo ayudar en algo?”.

Y yo con cara de what, como no creyendo lo que escuchaba le dije tímidamente “es que hay muncha cola compa, ni ganas dan de ir al mol”.

A lo que me responde “no se empanique amiguo, uste’ puede irse a la milla 18, súbase a su auto y allá le dan su permiso de internación”.

Pos como incrédulo me jui con un par de amigos y le seguimos a la mentada 18, cuando nos topamos con una rest área (oséase lugar de descanso, donde puede tomar tus sándwiches con tu Coca Light, bien agusto), con varios güerquillos bien irreconocibles.
-Aquí ‘tá su permiso de internación-, me dice sellándolo.

Yo que saco mis 6 dólares exactos, porque acá en Hidalgo te hacen berrinches si sacas uno de 20, “muncho” menos uno de cien.
-No es nada amigou-, me dice, y que me da permiso ¡por un año! Cuando acá te lo dan por sólo seis tristes meses.

Entonces me acordé de mi manita Lety que se da la vuelta a Laredo pa’ regresar personalmente su papelito cuando se le vence, cuando cualquiera lo puede hacer en la caseta de salida, cuando pagas los 3.50 dólares cuando vas en auto.

Aquí naiden se fijó que yo tenía otro permiso que no había vencido, por aque’o que dicen hasta de lo que te vas a morir, cuando endeligan tu pasado y ven en la pantalla de la compu los güeros aduanales.

A Rosa María una vez la regañaron con “usté’ no ha regresado el papelito en las últimas tres veces, pa’ atrás”.

-No espérenme güerito aquí traigo uno-, dijo, pero nunca lo divisó entre las siete compartimientos de su bolsa sin zipper que no se cerraba.

Luego yo que en Hidalgo, Texas, me han regresado pa’ llevarles los recibos de luz, gas, nómina, de Coppel, Folys, Electra y Penny Riel, pa’ demostrarles que soy bien solvente.

Porque acá en la milla 18 ningún papelito me pidieron pa’ comprobar que no soy un mojado que empiensa quedarse allá, pa’ comer sus feas Whataburguers con aritos de cebolla.

Acá en Laredo no me pidieron nadita y es cuando digo, aquí no es necesario buscarle tres pies al gato, los tiene, estos gringos ahora salieron bien salerosos.

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