A ver, a ver, eso de que los mexicans aduanales te quitaban todo lo que llevabas, ya es cosa del pasado. Por si no te has enterado brody, desde el cierre de garitas hace como tres años, pos como se acabó ansina mesmo el nervio por la cruzadera.
Mi amigo Pepe Q. hijo nos contaba que cuando estaba güerquillo su apá tenía una técnica maravillosa pa’ destantear a los aduanales, antes de pasar por las garitas en Tamaulipas: la hamburguer.
Oséase que justo antes de llegar a la garita, todos los niños, incluyendo la amá, sacaban su hamburguer cheese (sin cebolla, claro), pa’ luego pasar en el momento comiendo.
-¿Qué lleva amigo?
-Nada jefe-, le decía don Pepe, mientras los güerquillos devoraban su comidita-, es que no habían comido, ¿usté’ gusta?
La técnica destanteaba a cualquiera. Ni un dólar les daba de “mordida” a los aztecas.
Cuentan también las malas lenguas, que cercas de diciembre, allá por los años 70s, las fajas eran muy cotizadas por las ‘ñoras y muy escasas acá de este lado del río Bravo.
Total, decía doña Gertrudis, una de las muchas “chiveras”, de las que vendían fayuca en las pulgas. Quien iba a siquiera imaginarse que se iba a poner tres fajas juntas y ni modo que la fueran a encuerar.
Pos el regreso todo iba bien en el bus, “naiden” se percató que siquiera llevaba su preciado tesoro escondido, además de una bolsa de Snickers y de Almond Joy, esas barritas de coco que antes no vendían en los Oxxos.
Apenas estaba pasando la primera garita del 26, cuando se escucha un grito de “¡páreseeee, páreseee chofeeeer!”.
El sujeto del volante apenas daba crédito de lo que sucedía, deteniéndose en la carretera de dos carriles, porque no había de cuota.
-¿Qué tiene señora, cálmese-, le dijo el güen hombre.
– No me importtaaaa, -dijo sacando una tijeras-,¡cóoorteele, cóoortele!
Ya se imaginarán el show en medio de la carretera, con la ‘ñora empina’a como vaca.
-¡Ufff! Ya respiré-, agregó con sus fajas ya hecha trizas.
Por eso cuando Rosa María se vino de Zacapú, Michoacán, a Reynosa era como llegar a Disneylandia. Apenas cruzaba al otro lado con su pollito Didier y lo llevaba a mol para comprarle cualquier cosa que fuera de Lego. Eso sí, no podían faltar los tenis de marca. “Es que duran más”-, decía el güerquillo. Y la verdad no son como los piratas que venden acá en el tianguis de Los Muros.
Al niño le pedían pescadito empanizado con puré y sopa de coditos con queso, y su ‘amá escogía también pescado o una milanesa de res.
Todavía cuenta doña Esther, oséase mi amá, que llevaba recién casada sus maletas cuando viajaba pa’l otro lado. Fuera de lo incómodo de pasearlas, las valijas vacías se iban llenando poco a poco con la ropita de los hijos.
Después don Chuy, su esposo, compraría un auto Mercedes con el que aprovecharon pa’ viajar “munchas” veces a McAllen y hasta también a Brownsville, pero ya con una estancia de uno o dos días.
Por recomendación de don Pilar, su socio de la panadería La Superior, puso un cinturón en un compartimiento secreto que tenía en la cajuela del auto.
En una vuelta “naiden” se dio cuenta de eso. Pero con el tiempo se le olvidó sacarlo, y en otra ocasión los aduanales como perros sabuesos dieron con la prenda, como si se tratara de alguna droga.
-¿Y esto qué es, amigo?
-Ahhh, eso ya estaba ahí antes-, le dijo nervioso don Chuy.
El viejo llegó a tener una camioneta Ford Galaxy Continental, que hasta tenía espacio, con una cajuela enorme para poner todas las chucherías que se compraban. Ya se imaginan cómo venían de regreso: con chorro de ropa, zapatos, alguna licuadora, botana, “perjúmenes” y esas cosas que hacen mucho bulto, pero que no representan “muncho”.
Claro que lo barato del dólar a 12.50 pesos, pos como que rendía más la cosa, no como ahora que está a más de 18.50 y como que la raza no se anima con tanta facilidad.
Cuenta mi manita Lety que los aduanales regañaron a mi ‘apá por pasar tanta tela, que eso no se debe de hacer, mientras él sudaba frío por el bochorno.
Pero es que se necesitaba “muncho” encaje bordado y de chifón de seda, pa’ su vestido de bodas que luego lo haría en Monterrey Berthita, la modista. Total era la primera en casarse de la casa y tenía que tener un vestido como en las movies (películas) de Hollywood.
También otra vez iban en el road (camino) lleno de güercos cuando de repente alguien grito “cucaraaaachaaa”, pero esa, es otra historia.


