Ícaros convertidos en íconos

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A simple vista parece que lo tienen todo: éxito, fama, belleza dinero, popularidad, juventud, etc., Sin embargo, sus vidas personales son profundamente tristes, desoladoras y trágicas.

Basta con conocer las biografías de Elvis, de Diana Spencer, de Marilyn Monroe y de tantos más, cuyas historias personales nos dejan un nudo en la garganta y el corazón roto. Dotados de excepcional talento y atractivo físico, son estrellas que sonríen y brillan por fuera, pero lloran y sangran por dentro.

Sus “máscaras públicas” ocultan sus deformidades emocionales privadas, su profunda soledad, las carencias afectivas auténticas, sus necesidades más humanas, sus enfermedades del alma.

Es como si la manada humana de la que se distinguen y destacan, se los tragara vivos como una jauría de hienas… Los traicionan, los explotan, los extorsionan, los abandonan, los cosifican, los quiebran y… los consumen.

Estas estrellas arden en su propio fulgor hasta que se autodestruyen, incapaces de soportar el precio de su excepcionalidad, que se paga con el aislamiento y la alienación.

Ícaros convertidos en íconos que demuestran cómo es que en esta vida humana, no se puede volar demasiado alto ni demasiado bajo sin que la tragedia los alcance; ya sea que el sol derrita sus alas o las quiebren las olas del mar.

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