Hace unos días, el gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”, se aventó la declaración de que sus paisanos deberían de evitar viajar a Reynosa, pues no podía garantizarles su seguridad en el lado tamaulipeco de la carretera.
Obviamente más de dos se rasgaron las vestiduras, movidos por la animadversión que le tienen a “El Bronco” por sus aspiraciones presidenciales. Es por eso que nadie hizo siquiera el intento de demostrar con argumentos que lo que dijo el mandatario neolonés es una exageración.
Sin embargo seamos sinceros: ¿Está exagerando “El Bronco”?
En lo personal tengo profundas raíces en Reynosa. Ahí pasé la mayor parte de mi vida, una de mis hijas nació en esta tierra y ahí conocí a mi esposa. Mi familia y amigos están en Tamaulipas, así que nadie me puede decir que no quiero a este pedazo de México.
Y porque lo quiero puedo decir que Reynosa me duele un chin…
Estuve viviendo y trabajando en Reynosa al arranque de la ola de violencia que hoy azota a sus pobladores. Sé lo que es ver a tu familia salir a la calle y quedarte con el Jesús en la boca pidiendo al Altísimo que no les vaya tocar vivir una balacera u otro evento de violencia.
Sin embargo en ninguno de los años en los que estuve en Reynosa me tocó presenciar o escuchar lo que está pasando en estos momentos en este querido terruño de mi corazón.
Me aterra darme cuenta que hoy, la muerte de un civil (víctimas colaterales, les gusta llamarlos) por una bala perdida ya no mueve a nadie en Tamaulipas.
Me enoja ver que a cualquier persona la pueden bajar de su auto a punta de pistola y ni el Chapulín Colorado va a estar ahí para defenderlo.
Entonces ¿Está exagerando “El Bronco”?
Debo decir que en familia decidimos no viajar al terruño que tanto extrañamos pues, la verdad, el riesgo es demasiado y no queremos exponer a nuestra pequeña a una bala perdida, a un delincuente a quien nuestro carrito “le llenó el ojo”.
Cualquier oferta o Black Friday por más atractivo que pueda sonar no es suficiente para arriesgarnos a un segundo de mala suerte.
Dicho sea de otra forma ¿Cómo que pa´ qué le vamos a jalar la cola al tigre?

