Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris. Frase dicha a los emperadores romanos. (“Recuerda, hombre, que polvo eres y al polvo volverás”.)
La línea divisoria en la Ciudad de México entre los gobiernos de Morena y la oposición bien pudiera llamarse “La falla de San Andrés” y la alternancia en el congreso local de Tamaulipas “La derrota de San Pancho”. Por ponerle apelativos emblemáticos a dos políticos que parecían invencibles, cada uno en su ámbito de poder.
La sociedad tamaulipeca aprendió rápido a ser más exigente que nunca. Eso es bueno. Se tardó ochenta años en hartarse del PRI y solo cinco años en hartarse de Cabeza de Vaca (CV). Los resultados que arroja la última elección son fríos y contundentes. No hay manera de poner eufemismo a la alternancia que, de acuerdo a los números en las elecciones de diputados, simplemente ya no quiere mucho de lo que tenga que ver con su actual gobernador.
Es sorprendente el giro de ciento ochenta grados que se llevó a cabo en la suerte política de este personaje que en su momento parecía tan prometedor. Su promesa de campaña aludió pomposa y poéticamente a un grito de guerra electoral que los oriundos de esta tierra le compraron sin reserva: Los vientos de cambio. Con esta promesa generó enormes expectativas que sin saberlo, ni imaginarlo, se convirtió en su epitafio político.
Muchas preguntas flotan en el aire. ¿Dónde quedó el PAN como partido en medio de toda esta espiral o maraña del desafuero? No hubo quien pusiera límites a lo que era la esencia del gobernador como persona y el partido como instituto político independiente y autónomo de las personas que lo conforman, por muy encumbradas que estén. No hubo una sola voz interna que pidiera mesura en esta postura de mezclar en plena campaña la figura del gobernador con la del partido.
Lo mismo daba decir “Viva el PAN” que “Yo con mi gobernador”. No hubo un solo asesor que sugiriera desmarcarse de CV, aunque sea solo por conveniencia del mismo partido, e incluso del mismo gobernador. Ciertamente no se puede echar de menos el enorme poder acumulado que logró. Eso es intimidante dentro de la dinámica del poder, pero para eso hay un consejo nacional, para expresar todo lo que en el estatal no se puede mencionar.
No se trata de hacer leña del árbol caído. En la política y en las elecciones se gana y se pierde, esa es la deriva natural de quien entra en estos rumbos. La idea de analizar el drama del gobernador CV y su meteórica caída en cinco años, es para desglosar las razones de la misma. Con un partido que jamás debió “casarse tanto” con el personaje, quien no tuvo empacho en apostar las carreras políticas de sus diputados locales en el congreso, a quienes pareciera que más que convencerlos que lo apoyaran, se los ordenó.
Increíble que en una democracia, de los veintidós, o veintitrés, con el absurdo y pírrico regalo legislativo de Yahleel Abdala Carmona, no hubiera una sola voz de disenso en cuanto al cheque en blanco que le dieron a CV en el caso del desafuero.
¿En verdad nadie en el partido pudo ver lo que se podía venir con una apuesta política tan alta? Todos los diputados locales del PAN no movieron ni un punto, ni una coma de la petición de apoyo sin restricciones ni reservas para su jefe político. Lo mismo que le criticaban al presidente AMLO en su postura con el congreso federal, era lo mismo que hacían en el congreso local. Diría Juan Gabriel: Te pareces tanto a mí, que no puedes engañarme.
Hoy el reto del PAN ya no es salvar a CV. Su reto es salvarse a sí mismo como partido en el estado de Tamaulipas. La consecuencia natural del 6 de junio es que emerjan nuevas figuras que nada tengan que ver con el actual gobernador. Me consta que las hay dentro del partido que nada tienen que ver con él. Hacía falta una derrota tectónica como la que se vivió en las pasadas elecciones para sacudirse figuras que ya cumplieron su ciclo, y que se proyecta en el rechazo electoral.
Tendrán que aprender de su propia historia en otros estados con nombres como Sergio Estrada Cajigal o Guillermo Padres, quienes a pesar del enorme poder acumulado en su ínsula, o quizá gracias a ese poder excesivo, fue que el síndrome de la Hubris no les permitió medir consecuencias y la historia se repite. Mucho poder no es garantía de permanencia. Esa es la lección. En ellos queda si la asimilan o la repiten.
El tiempo hablará.


