La fotografía de Trump para la ficha en Atlanta, cuando lo detuvieron temporalmente para leerle los cargos en el juicio por intentar revertir fraudulentamente los resultados de las elecciones presidenciales del 2020 en el estado de Georgia, es sin duda desquiciada y amenazadora; envía un mensaje explícito y otros no tanto. El primero está dirigido a su núcleo más duro; es un llamado a la acción. Parece decir: yo estoy dispuesto, ¿lo están ustedes?
La situación en el país de las oportunidades se torna peligrosa. No en balde Bárbara F. Walter, una científica de la Universidad de California en San Diego, ha escrito un libro duro que enciende las luces rojas: ¿Cómo empiezan las Guerras Civiles? (Crown 2022). Walter es una experta en el tema y apunta que las condiciones actuales en los EEUU se parecen mucho a los caldos de cultivos típicos en cualquier guerra civil.
Hay un segundo mensaje; es una amenaza a los jurados, fiscales y testigos en el juicio y en última instancia al sistema mismo; ponen a pensar a todos en lo que sería capaz de hacer él o alguno de sus seguidores más fanáticos si se atreven a condenarlo.
La fotografía le ha significado importantes ingresos a la familia Trump, tan necesitada aparentemente de recursos económicos. Ellos, que se dicen multimillonarios, se apresuran a monetizar todo lo que hace el patriarca. Se percibe una desesperación por ganar dinero que no parece tener límites.
Y sin embargo no es una idea original de Trump. Unas semanas atrás Javier Milei, el candidato presidencial argentino de extrema derecha que sorprendió a todos alzándose con el primer lugar en las primarias -algo que nadie esperaba- posó con la misma mirada desquiciada. Su imagen va a juego con el personaje que quiere reducir el estado a su mínima expresión, desaparecer el banco central y llevar el país entero a un estado prácticamente anárquico.
Milei se copió de Stanley Kubrick, que la usó eficientemente en dos películas hace ya más de 50 años: Naranja Mecánica en 1971 y El Resplandor en 1977. Las dos tienen como protagonistas a personajes psicópatas que inspiran terror en la audiencia. Es un recurso muy eficiente en eso de trasmitir una cierta actitud desquiciada del que está dispuesto a hacer cualquier cosa, por más espantosa que parezca.
La fotografía de Trump transmite también un mensaje poderoso a los que no son sus seguidores, al grueso de la sociedad norteamericana; un mensaje que sacude la raíz más profunda de las conciencias. El gran embaucador está dispuesto a incendiarlo todo. Tal vez esto haga salir masivamente a los votantes para detenerlo.





