Durante el sexenio de 1994 al 2000, tuve uno de los empleos más interesantes y de mucho aprendizaje que me ha tocado ejercer. Durante esos seis años, fui asistente del Lic. Alberto Santos de Hoyos cuando fue Senador de la República por el estado de Nuevo León (PRI). En ese mismo periodo el Ing. Mauricio Fernández Garza fue también Senador de la República por Nuevo León (PAN). Ese sexenio fue particularmente difícil para el país: guerra en Chiapas, el EZLN, personajes míticos como el sub-comandante Marcos, varios magnicidios políticos, el “error de diciembre” entre muchas otras cosas. Era un verdadero caos.
Independientemente de que Alberto Santos de Hoyos y Mauricio Fernández Garza eran de partidos “opuestos”, ellos tenían muchas cosas en común: empezando porque ambos venían de familias empresariales muy importantes y económicamente poderosas, ambos eran muy claros y contundentes en sus posturas políticas, muy independientes en sus ideologías, hechos de una sola pieza, determinados y sobre todo, muy valientes; tanto que se respetaban mucho mutuamente y se apreciaban bien.
Era el mes de abril y el día 12 de ese mes es el cumpleaños de Mauricio y, el Lic. Alberto me pidió que fuera yo a comprar un regalo que luego él le entregaría personalmente cuando lo viera en el senado. Yo no tenía idea de qué le podría comprar a alguien como Mauricio Fernández que, durante toda su vida ha tenido todo y más de lo que uno pueda imaginar en cuanto a cosas materiales…
¿Qué se le podría regalar que por un lado no fuera muy comprometedor y por otra parte tampoco se quedara corto o fuera algo demasiado común? ¿Una pluma, una agenda con forro de piel, un pisa-papeles? ¡Debe tener miles de esas cosas que luego van a parar a un cajón! ¡No se me ocurría nada! Así que le dije al Lic. Alberto que de plano no se me ocurría nada para regalarle al Ing. Mauricio por su cumpleaños y que ese era el encargo más difícil que me hubiera podido hacer. ¿Qué se le puede regalar al Ingeniero que no tenga ya? Tenía que pensar pero me vendría bien alguna sugerencia.
Sin embargo, el Lic. Alberto así de serio, educado y correcto como siempre fue, tenía un sentido del humor muy especial y ligero. Entonces, bajo la premisa de que al Ing. Mauricio le da por romper paradigmas, por ser un tanto cuánto excéntrico, atrevido y hasta disruptivo, culto, sensible y con intereses muy variados, y también, con un gran sentido del humor, el Lic. Alberto me dijo: “Consigue una corbata rara, muy rara…no tiene que ser “bonita” ni costosa…solo original….de hecho, no tiene que ser de tela fina, elegante o “de marca”.
Yo recordé que el Ing. Mauricio tiene gran interés en la prehistoria (paleontologia), en los fósiles y además grandes conocimientos sobre la Era Mesozoica y sus períodos Triásico, Jurásico y Cretácico y que algún regalo relacionado con eso podría resultarle interesante. ¡¿Pero dónde iba yo a conseguir algo así?!
Aunque resulte difícil de creer, me fui con los puesteros del centro de la ciudad, ahí por Colegio Civil y, entre las chácharas y cosas que ahí vi estaba una corbata –lo que le sigue de corriente-con estampado de dinosaurios de muchos colores. Como yo ya sabía que al Ing. Mauricio le apasiona el tema de los dinosaurios, por unos cuantos pesos compré la horrenda y nada elegnte corbata. También sabía que regalarle a un político una corbata con dinosaurios puede ser un arma de dos filos, porque en la política, el término “dinosaurio” puede ser peyorativo y es fácil sacar la intención del contexto. Pero como quiera le llevé la corbata al Lic. Alberto Santos. Ya sabría él si se la daba al Ing. Mauricio Fernández en su cumpleaños o no.
Cuando regresé a la oficina y le mostré al Lic. Santos lo que había conseguido, le dije cuánto costó y por qué había yo comprado esa corbata, el senador solo se rio y yo la dejé sobre su escritorio. Ya no supe si finalmente le dio la corbata al Ing. Mauricio y si lo hizo, no sé si el cumpleañero alguna vez la usó. Pero, de lo que sí estoy casi segura es de que el Ing. Fernandez nunca había tenido una corbata de los puesteros de colegio Civil y con estampado de dinosaurios…Lo que sí sé es que ellos dos, como hombres inteligentes, visionarios y de buena ley, se caían bien; se reconocían, se respetaban y hasta se admiraban mutuamente. Ambos construyeron un gran legado y han sido ejemplares en muchos aspectos.
Mi más sincero respeto para ambos nuevoleoneses extraordinarios.
*Serenidad y fortaleza para Mauricio Fernández Garza en estos momentos.


