Los acontecimientos nacionales y mundiales que vivimos, reflejan la complejidad del mundo en el que estamos. Los problemas, por lo tanto, a los que política, social y económicamente nos enfrentamos son diversos y el modo como se deben de resolver son igualmente complejos.
Ni la problemática sobre la extracción ilegal de hidrocarburos, ni las muertes provocadas por explosiones de las tomas clandestinas, ni la lucha contra la corrupción, ni lo que sucede internamente en Venezuela, ni los bloqueos de la CNTE se resolverán de manera inmediata o con decisiones tomadas al vapor (o sobre las rodillas) y mucho menos si no se toman esas decisiones necesarias.
Hay que tomar acciones. Para ello hay que planear, hay que implementar una estrategia (definir un rumbo claro) y hay que ejecutar. Se requiere no solo una visión de gobierno, sino una visión de Estado. Que considere a todos y cada uno de los sectores del país y que busque beneficiar a la mayoría.
No basta con llamarse Andrés, pero sí es importante que ese sea tu nombre. El Presidente no puede ni debe tomar las decisiones de Estado solo, y mucho menos puede desentenderse de los acontecimientos. Es necesario el trabajo de todos (secretarios de estado, gobernadores, legisladores, servidores públicos, población en general)…. sabiendo que las críticas estarán siempre presentes y que no siempre se va a quedar bien con todos. Pero hay que tomar en serio decisiones.
Lo que necesitamos, hay que insistir, es un sólo discurso. Entender que si vamos a hablar de responsabilidad de los actos cometidos, de lucha contra la corrupción, de moral, de desarrollo social, de “fifís”, de “mafia del poder” o de “no intervención en cuestiones internacionales” que estos conceptos y definiciones sean los mismos para todos. La ambigüedad en el lenguaje político es una gran tentación, pero hay que superarla poniendo en claro lo que para el gobierno y loos que somos “de a pie” estos y muchos otros conceptos significan.
Va de nuevo la idea, si vamos a hacernos responsables de nuestros actos… pues seámoslo todos. Sin exclusiones. Y que no sólo aplique a la CNTE y a Michoacán, y que no se excluya a los líderes sindicales que ahora gozan de fuero o con los que ya se han “apalabrado” con el actual gobierno. Si vamos a hablar y a eliminar la corrupción, hagámoslo en serio. No excluyendo a unos (que roban hidrocarburo porque tienen hambre, o no tienen posibilidades, o por necesidad) pero incluyendo a otros (que robaron porque pertenecen a la “mafia del poder corrupto”). Si vamos a vivir una “moral de estado” que ésta se aplique a todos, sin exclusión y que se sancione de alguna manera si cumplo o no sin que se piense que se está siendo opresor.
Llamarse Andrés conviene mucho. Hay millones de personas que te miran y te respetan, pero también millones que están dispuestos a criticarte. El Presidente, pues, debe de entender que la realidad es mucho más compleja que sus percepciones. Que su “visión del mundo” es parcticulísima, máxime si se allega de gente que piensa como él y que no quiere ver las cosas de diferente manera a cómo sus ojos lo ven. Requerimos de objetividad por parte del Presidente, de su equipo y de los que hacen política (esa “real politik” de la que hemos hablado).
Y repito, como dijo nuestro presidente, “que cada quien se haga responsable de sus actos”… si es así, va en serio… pero en serio, sin ambages, que se aplique. Que sea, para todos. No queremos corrupción, ni “concertacesiones”, ni cosa semejante.
Vamos a llevar a cabo ese “cambio verdadero”, esa “4T” de la que tanto habla.
Esta Jirafa sigue atenta… porque “lleva tiempo”.


