La mujer merece respeto

Últimas Noticias

Ni fea ni hermosa. La mujer no es una cosa. Y merece respeto, atención, consideración. Pero la mujer también debe ganarse ese respeto, atención y consideración. Porque muchas veces se quiere aprovechar de su condición femenina y entonces su conducta no corresponde a lo que una sociedad ordenada espera de ella. Por eso a veces se le ve entre pandilleros y grupos delincuenciales.

¡Qué lástima!

Sin embargo, en ningún caso una mujer debe ser golpeada, humillada, maltratada ni física ni psicológicamente. Nunca de los nunca debe pasar por la tortura de una pareja violenta y aprovechada, o de un energúmeno callejero, pues no hay razón para atacarla por su forma de vestir ni por su estatus social.

En tiempos de reclamos y protestas o manifestaciones a favor de los derechos de la mujer y en contra de la discriminación de todo tipo, es menester alzar la voz para exigir un freno a los feminicidios, ya que no hay justificación para volverla víctima de los depravados aunque éstos aleguen que muchas veces es ella la que se busca su destino fatal por provocativa y vanidosa al no cuidar su vestimenta ni tener en cuenta cómo despierta la pasión de los machistas irracionales con un escote al aire. Nada de eso. Ella puede usar el atuendo que desee y caminar libremente por donde se le pegue la gana sin que sea siquiera molestada con un piropo de mal gusto.

Es el macho (que no caballero u hombre cabal) el que debe controlar sus instintos y mantener el equilibrio ante los arrebatos del animal que todos llevamos dentro. Pero ya sabemos que el verdadero problema tiene un doble enfoque en la búsqueda de una solución al problema de la violencia contra las mujeres.

El primero, es cultural, tanto en el caso del hombre como de la mujer. Respecto a la educación del hombre hay que reconocer lo mucho que le falta en el campo educativo para saberse comportar en comunidad y no recurrir al acoso de las vecinas, compañeras de estudio o de trabajo e inclusive de subalternas en la oficina y en el taller.

Y respecto a la mujer sobra decir que su formación desde los primeros años está marcada por la debilidad cerebral al escuchar palabras bonitas y halagos que estimulan todo su ser, como para caer de ancho ante un macho que le promete lo mejor de la vida y la induce a sus propios antojos diciéndole lo mucho que le ama y que la sueña, etc., bajándole el sol y las estrellas. Al final, lo triste es que termina viviendo con el enemigo sin posibilidades de zafarse a tiempo de un verdugo implacable.

Luego, a eso agréguele que muchas mujeres, al sucumbir en su vanidad femenina ante los elogios de un mentiroso, a veces termina por enamorarse de su victimario al que, por eso mismo, no denuncia a tiempo ante las autoridades cuando la maltrata ni quiere que sea castigado en caso de ser aprehendido in fraganti.

Ese enamoramiento enfermizo, denominado Síndrome de Estocolmo, hace inútiles los esfuerzos de familiares y amigos para que una mujer violentada en su domicilio o en la calle se olvide y abandone a su feroz pareja y menos para que vaya a parar a la cárcel.

Así es que es bueno apoyar las campañas a favor de los derechos del mal llamado “sexo débil” y en contra de la violencia de género. Pero antes es necesario culturizar y educar a los machos y también a las mujeres para crecer en el conocimiento de su propio valor como personas , para que ellos sepan lo que es el respeto y la atención a ellas en cualquier circunstancias, y para que, a su vez, ellas se ganen ese respeto y atención, además de resistir caer a las primeras de cambio al escuchar palabras bonitas y elogios que sacuden su cerebro en una forma emocional que a veces no permite el control del propio ser ni se piensa en las consecuencias a futuro.

Ni fea ni hermosa. La mujer no es una cosa. Así de simple.

- Anuncio -

Columnas

- Anuncio -