Escribo esta columna dándome cuenta que hay poco qué escribir sobre figuras políticas prominentes en Tamaulipas, pareciera como si después de la elección, el estado se hubiese quedado seco de protagonistas en este campo otrora tan lleno de nombres cuya vida durante décadas giró y giró en ese mundo fascinante y esquivo.
Ya no hay los Luebbert, los Egidios, los Eugenios, los Tomás, los Paloma, los Araujo, los Almaraz, los Assad, los González Salum, ni los Garza Narváez, ni los González Benavides, los Baltazares, ni los Gamundi y así sucesivamente, incluso ni los Makis, ni los García Cabeza de Vaca, ni los Hernández Correa, ni los Canturosas, ni los Salazar, ni los Peraza, todos se han ido desdibujando, incluidos, insisto, los panistas que ahora están en el poder estatal.
La recomposición política del estado es un hecho, difícilmente los priístas recuperarán en años próximos el terreno perdido, no después de décadas de errores y malas administraciones.
Los panistas por su parte, han malgastado dos años hermosos, tiempo precioso en el que pudieron haber hecho mucho, pero se conformaron con un desempeño mediocre al frente de la administración estatal, como el resultado electoral que obtuvieron.
El estado se reconfigura, hecha mano de priístas y otros representantes grises de la política para intentar mostrar nuevos, ¿viejos?, cuadros.
A Tamaulipas la elección federal lo dejó en la quiebra de oferta política de calidad.
Las y los políticos, que se decían profesionales en este campo, naufragan, andan a la deriva buscando una sombra que les cobije y no ven claro, aquellos que supieron subirse a tiempo al barco morenista podrán contar otras historias, el resto aguardará anhelante que la rueda de la fortuna los vuelva a favorecer, recordando en los cafés de sus ciudades las épocas de vacas gordas, donde todo era fiesta y desvarío.
En cuanto al panismo tamaulipeco tiene en sí mismo su peor enemigo, sigue la ruta negativa del PRI y no forma cuadros que puedan convencer al electorado y dar la pelea.
La decisión del gobierno en turno de regresar a sus cargos a los perdedores de la contienda, ésos que no pudieron arrebatar a Morena las diputaciones federales, ni la senaduría, volvieron a sentarse en sus sillas administrativas desde donde no quieren darse cuenta que sus lugares son para hacer política.
Se mantienen pertrechados en su torre de cristal, la del Bicentenario y la administrativa y el Palacio de Gobierno juntándose entre ellos, platicándose las mismas cosas, construyendo castillos en el aire, haciendo una endogamia política que lo único que les dejará serán adefesios que no podrán pelear por las curules.
Y además, creyendo que hasta donde están llegarán quienes pueden ser su salvación o su ruina en el 2019.
Señoras y señores la política se hace también en la calle, cerca de la gente, atendiéndola, no maltratándola.
De continuar en esa misma tónica, al PAN no le queda mucho tiempo de vida como cabeza de gobierno en el estado.
El territorio tamaulipeco está lleno de tumbas políticas, el suelo está yermo de propuestas innovadoras y propositivas. Es en este campo en donde muy posiblemente Morena siembre para su cosecha. Al tiempo.
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