La sub-17, el gran contraste

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Por qué los chavos mexicanos de la Sub-17 llegaron hasta la final del Mundial de su categoría y la selección mayor está dando pena. La respuesta es muy clara: los menores juegan con el corazón y por amor a la Patria, mientras los mayores lo hacen por el maldito dinero.

Los seleccionados aztecas, dirigidos por Raúl “el potro” Gutiérrez y que este viernes enfrentarán a Nigeria en el Mundial de los Emiratos Arabes Unidos, en estos momentos no tienen contrato millonario que los seduzca y saque de concentración. Van por la gloria.

En la otra esquina, el tricolor mayor cuenta las horas para su primer partido del repechaje contra Nueva Zelanda el miércoles 13 en el Estadio Azteca, que en el papel parece ser una segura víctima, pero después de ver el nivel de México en el hexagonal de Concacaf, nada está seguro para calificar a Brasil 2014.

Siendo niños y adolescentes, como es el caso del equipo Sub-17, se parten el alma en la cancha en busca de todos los honores, contrario a Javier “chicharito” Hernández, Héctor Moreno y Andrés Guardado, que ya padecen la enfermedad de los mexicanos que juegan como si estuvieran en una cancha de algodones para evitar lesiones y asegurar un mejor contrato en Europa.

No son los recientes-viejos tiempos cuando Hugo Sánchez, Manuel Negrete y Luis Flores, quienes en los años ochenta militaron en clubes españoles, que esperaban la convocatoria del tricolor para jugar como pubertos en las eliminatorias, aunque también sufrieron descalificaciones como sucedió rumbo al Mundial de España 82.

El cáncer del dinero, más temprano que tarde, también invadirá a esos chicos héroes que juegan el campeonato mundial árabe y que eliminaron a Brasil y Argentina, pero antes dejarán el alma en una cancha y conseguir el tricampeonato de la categoría de la FIFA.

La mayor preocupación estriba en que en un futuro cercano serán los propios dirigentes y dueños de clubes del futbol mexicano quienes truncarán sus sueños de crecer, por la absurda regla de alinear a cinco extranjeros en la Liga MX.

Seguramente algunos emigrarán a Europa y serán los dueños de sus cartas y los promotores los que harán el primer gran negocio. Mejor esta opción que esperar en México, sentados en la banca de un equipo profesional, la oportunidad de debutar a un subcampeón o campeón mundial.

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