Los líderes obreros y el sindicalismo van en total decadencia, se aprovecharon de las circunstancias, del poder y sobretodo de los trabajadores, sólo para enriquecerse y llenar sus bolsillos de dinero mal habido y algunos otros por pura vanidad.
Fue tanta su avaricia que pactaron acuerdos y contratos en contra de sus representados, en pocas palabras nada más les faltó vender el alma al diablo.
La época de oro de la industria maquiladora sólo quedo en bellos recuerdos, hoy en día sólo unas cuantas fábricas operan en esta frontera tamaulipeca y con las políticas de Donald Trump todo parece indicar que habrá mucho menos.
Los sueldos de los obreros en aquellos tiempos eran bastos, te alcanzaba para comprar un carro “chocolate”, pagar renta o mensualidad de la casa, sobre todo para comprar una despensa bien surtida y si tenías huercos hasta podías pagar las colegiaturas de tus hijos.
Como estarán las cosas que eran más poderosos los sindicatos que las propias maquiladoras o las asociaciones de maquiladoras, si los empresarios cometían una falta o violaban el contrato colectivo de trabajo de inmediato estaba la amenaza de huelga.
Antes no se pactaba, los tribunales estaban hasta el tope de demandas laborales, y los empresarios hacían hasta lo imposible por solucionar las quejas de los trabajadores vaya estaban bien representados y sus derechos bien resguardados por las autoridades.
Los líderes obreros hoy llamados delegados sindicales de aquella época no estaban vendidos, todos los días defendían a los obreros y tras interponer alguna demanda siempre llevaban bajo el brazo la bandera rojinegra.
Esa bandera bicolor era el arma secreta de los sindicatos, todos los empresarios les temían y si alguna maquiladora incumplía de inmediato se ordenaba colocar la bandera rojinegra en la entrada principal y eso si era una verdadera vergüenza para cualquier empresario, gerente o director.
En aquella época todos estaban bien representados y sobre todo organizados, había sindicatos al por mayor todos adheridos a la Confederación de Trabajadores de México (CTM) casi no había CROC.
Cuando digo que todos estaban organizados, me refiero a que hasta los aseadores de calzado (boleros) estaban adheridos a la CTM, había sindicato de electricistas, tablajeros, meseros, tortilleros, mecánicos, hojalateros y hasta de peluqueros.
Todos estaban afiliados o adheridos al Partido Revolucionario Institucional, (PRI) y por lo tanto el partido en el poder los defendía de los voraces empresarios.
Existía un verdadero odio entre empresarios y sindicatos en cambio ahora existe un verdadero amasiato entre ambos, no se tocan ni con el pétalo de una flor y van por el mundo tomados de la mano como grandes amigos.
En Matamoros por ejemplo el caso de Jesús Mendoza Reyes donde sus representados van y le colocan la bandera rojinegra a las puertas del sindicato, lo acusan de venderse y recibir jugosas ganancias a cambio de contratos colectivos que van en contra de los obreros.
No cabe la menor duda que así es, el líder obrero viaja en Suburban del año y se hace acompañar de dos guaruras, vive en Brownsville, Texas, le gusta la cantada y las chamacas tiernitas, cada vez que puede se somete a una cirugía plástica o mínimo se inyecta botox en sus ya deformes labios.
Jesús Mendoza es el moderno Caín, pues destronó a su propio hermano del sindicato, lo expulsó y lo condenó a vivir entre la vagancia y el alcoholismo, Leocadio Mendoza Reyes “El Manotas” muy pocas veces se deja ver, es simpatizante y militante del PRI de esos de hueso colorado.
Leocadio Mendoza mando fraccionar un asentamiento y lo bautizó como colonia 18 de Octubre en honor a la fecha de su nacimiento, cada terreno se lo vendió a sus representados y se embuchacó miles de pesos.
El fraccionamiento estaba completamente irregular carecía de permiso del municipio, drenaje, agua potable, electricidad y quienes compraron su terrenito se fueron a vivir al mero monte, mientras Leocadio Mendoza gastaba miles de pesos en cargamentos de botellas de whiski.
Por cierto el alcoholismo fue su perdición y tras unas inesperadas elecciones dentro del sindicato fue derrocado por su propio hermano y lo desterró del sindicato y hoy vive prácticamente en la vagancia, sin lujos y en una casa modesta.
En cambio Jesús Mendoza Reyes ahora goza de los beneficios de ser uno de los lideres supremos que lo único que han hecho es enriquecerse a costa de los obreros quienes por cierto cansados de las humillaciones de este par de hermanos y se manifestaron frente a las oficinas sindicales ubicadas en la calle cuatro.
Mendoza Reyes no se cansa de presumir sus buenas relaciones con Gamboa Pascoe (finado), Aceves del Olmo y el líder estatal de la CTM en Tamaulipas, Edmundo García Román y sobre todo con los gobiernos priistas.
Alguna autoridad debería de darle una rascadita a las finanzas del sindicato de Jesús Mendoza y a sus propias cuentas bancarias personales, las cuales seguramente están manchadas con el sudor de los obreros a quienes por años han estado robado.


