Marchas, contra-marchas y México marchito

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Dicen que nadie da puntada sin hebra, que nadie la brinca sin huarache y que pretextos sobran para encubrir el propósito ulterior y subyascente. El pasado domingo un sector de la sociedad civil salió a marchar “por la defensa del INE”. Lo “defienden” de la reforma que propone el gobierno de López Obrador, y aunque los puntos torales de dicha iniciativa no parecen tan equivocados ni contemplan “desparecer al INE”; el sector de la sociedad civil que se opone a la iniciativa lee entre líneas que la intención del presidente es tomar el control del organismo para controlar el proceso electoral del 2024. El presidente por su parte lee el acontecimiento como una protesta orquestada por sus adversarios que se niegan a ser privados de sus “privilegios”, y en su intento, atentan contra la verdadera democracia.

Los marchantes de ese sector de la sociedad civil, sin duda mostraron músculo y pronto se treparon los partidos de oposición -otrora desarticulados y desorganizados- aprovechando la oportunidad y haciendo declaraciones en el mismo tenor. Es tan acérrima la animadversión de ciertos sectores de la sociedad hacia el gobierno actual, que se olvidan de que en gran parte, fue gracias a los estragos causados por los malos gobiernos de los ahora partidos de oposición, que AMLO llegó a donde está. Otros olvidan tambien que por saltar del comal, se suele caer en la lumbre.

El problema es que ni la defensa ni la reforma del INE parecen ser el verdadero motivo detrás de esos movimientos.

Independientemente, el hecho ha provocado que AMLO y su gobierno a una “contra-marcha” convocada para fines de este mes: el domingo 27 de noviembre. Ellos quieren mostrar su “músculo” también y entre sus fibras están los sindicatos, como el de la CFE, del IMSS y otros gremios gigantescos que gozan de privilegios y canonjías ancestrales.

Parece que la idea es apabullarse unos a otros con el número de participantes. Se trata de demostrarse mutuamente quién tras más músculo político. Si bien es cierto que quien controla las elecciones contiene el poder, lo ideal sería que al INE no lo controle ningún grupo en particular, ni el gobierno ni un determinado sector de la sociedad; sino que sirva a todos por igual y que evolucione conforme madura la democracia. Tristemente, el INE no parece ser la verdadera causa, tanto como lo es la conservación de los privilegios, ya sea de los marchantes o de los contra-marchantes. Por lo pronto, las marchas y contra-marchas sirven para hacer desplantes de poder y para que de un lado y del otro, no falte quien quiera lleva agua a su molino.

Y, sin embargo, hay un México callado, inmóvil, apabullado, angustiado: un México que no marcha, porque nada marcha bien; un México marchito. Es el México de quienes no quieren volver al pasado pero que tampoco ven claro el futuro. El México de los que no gozan de privilegio alguno, ni de un lado ni del otro, que ni se agrupa ni se agremia, ni “chairo” ni “fifi”, que no es de derecha ni de izquierda. Un México que pende de un hilo en un limbo político, económico y social; indefinido por falta de opciones viables. Un México que no se beneficia ni del gobierno, ni del sector empresarial, ni de los sindicatos. Es un México al que ni siquiera usan de pretexto; ese que sin excesos, ni accesos, sin privilegios ni prestaciones, con oficio pero sin beneficio…es el México en “modo de supervivencia”, un México sin músculo…el México que no marcha, pero se marchita.

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