Mexicanos siendo mexicanos…

Últimas Noticias

Siempre me ha llamado mucho la atención la Batalla de Puebla porque es un ejemplo de cómo en México contamos la historia a nuestro gusto.

Es cierto, le dimos en la madre al Ejército más poderoso del mundo (en eso la parafernalia oficial no miente), pero lo que no nos dicen en la escuela o en los discursos patrioteros es que un año después los invasores regresaron y nos dieron en toda la progenitora.

Fue la derrota en la llamada “Segunda Batalla de Puebla” o “Sitio de Puebla” la que permitió una instalación del llamado Segundo Imperio Mexicano encabezado por Maximiliano de Habsburgo quien llegó a México invitado por el Partido Conservador (no se aceleren, así se llamaba), quienes lo convencieron que los mexicanos querían ser gobernados por un güerito europeo elegante y privilegiado (¿dónde he escuchado eso?).

Hoy me encuentro con los registros del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), quienes con motivo de esta fecha difundieron las comunicaciones que Ignacio Zaragoza envió a Miguel Blanco Múzquiz, Ministro de Guerra, al inicio, durante y después de la Batalla de Puebla.

Ahí se puede leer el telegrama donde viene la famosa frase: “Las armas del Supremo Gobierno se han cubierto de gloria”.

Sin embargo, lo que me llamó la atención es el despacho enviado el 7 de mayo de 1862 (par de días después de la batalla), por el mismo Zaragoza al Ministro de Guerra, donde se queja de la indiferencia y hasta traiciones de la población poblana quienes, sorpréndanse, se volvieron bastante buenos en difundir rumores y noticias falsas en contra del Ejército Mexicano.

“(…) yo tendré cuidado de participar cuanto ocurra de interés para evitar noticias falsas y alarmas que en la traidora cuanto egoísta Puebla circulan. Esta Ciudad no tiene remedio”, escribió.

Incluso, el 9 de mayo, en otro telegrama, Zaragoza detalla cómo algunos poblanos no solo se rehusaron a apoyar a las tropas defensoras, sino que estaban de luto por la derrota de los franceses.

“(…) En cuanto al dinero nada se puede hacer aquí porque esta gente es mala en lo general y sobre todo muy indolente y egoísta… ¡Qué bueno sería quemar a Puebla! Está de luto por el acontecimiento del día 5. Esto es triste decirlo. Pero es una realidad”.

Hay que batallar mucho para encontrar registros históricos que muestran esta traición de una parte de la población poblana, lo que me resulta lógico pues amarga el discurso patriotero de que los mexicanos somos un pueblo unido que lucha codo a codo cuando un invasor intenta someternos.

Hoy podemos ver en las noticias y las redes sociales que esto no es cierto, los mexicanos no somos unidos y a juzgar por los telegramas de Zaragoza, tampoco cambiamos.

[email protected]

- Anuncio -

Columnas

Vuelta a la derecha

¡Arde Nuevo León!

La banca no es eterna

- Anuncio -