Cuando estaba por vivir mi primera Navidad como mujer casada le decía a cuánta persona con la que platicaba que iba a hacer tamales para la cena y que mi familia se los tendría que comer quedaran cómo quedaran pero la verdad es que nunca los hice.
Esta Navidad no me aventé a cocinar una cena en grande como otros años y tenía un gran antojo de tamales y no, no estoy embarazada.
Fue tanto el gorro que puse con mis ganas de tamales que yo creo el universo se hartó y el 26 de diciembre amaneció una señora vendiendo frente a mi casa, como nunca había pasado y por supuesto que le compramos.
Pero se activaron de nueva cuenta en mi las ganas por realizarlos.
Cuando era niña mi mamá hacía para vender, sobre pedido y siempre le comparaba la que fue mi maestra en segundo grado en la primaria “Josefa Ortiz de Domínguez”, se llamaba Dora Alicia Martínez, creo que Ramírez.
Caminaba unas 8 cuadras aproximadamente desde mi casa a la suya cargando un “tupper” amarillo con tapa blanca adentro de una bolsa de plástico, y en ella como 4 o 5 docenas de tamales.
No nos dedicábamos tal cual a hacer tamales para vender, mi mamá hacía para nosotros y algunas docenas las “acomodaba” entre los conocidos.
Estando ya en la preparatoria, cierta persona trataba de convencerme para que le ayudara a vender sus productos naturistas y usó la siguiente frase como “motivación”: “¿qué prefieres?, ¿qué digan que vendes productos o que vendes tamales?”
Por supuesto que nunca me dio pena ir a entregar los tamales que mi mamá hacía y también por supuesto que no le ayudé a esa persona con sus ventas, ella no lo merecía y a mí no me daba la gana.
Ayer me decidí y me aventé a hacer tamales, terminé utilizando algunos ingredientes que no había contemplado porque me sobró guisado y al final me sobró masa.
El resultado fue bueno, fueron aprobados por la familia y la verdad si me ando animando a vender tamales.


