Durante una entrevista a Baltazar Hinojosa, funcionario de la Secretaría de Agricultura, destacó la satisfacción que resulta de ser presidente municipal.
Dice que de todos los cargos que le ha tocado desempeñar, tanto en la burocracia federal, como estatal y los dos periodos como diputado, la actividad política que le dejó mejor sabor de boca, fue ser alcalde de Matamoros.
Porque esa responsabilidad significa el trato directo con los ciudadanos.
Baltazar afirma que ser presidente municipal es cuidar todos los aspectos del territorio que le corresponde gobernar.
“Es estar al pendiente de que lo que suceda en el municipio, no se convierta en un problema en Tamaulipas”.
Como quien dice que los problemas no pasen de la garita localizada en la carretera que va a Ciudad Victoria.
Ese equilibrio que existía en la entidad hace años se rompió por las razones ya conocidas.
Hoy los alcaldes dejaron de ser la primera autoridad que resolvía problemas y atendía solicitudes.
Si se observan a los actuales presidentes municipales se les ve rodeados de guardias, en camionetas blindadas, corriendo a alta velocidad por las calles y avenidas de sus municipios. mostrando de qué tamaño es el miedo que los embarga.
El trato en corto con los ciudadanos se limita a unas cuantas palabras, la prisa que llevan no deja lugar al disfrute de esa noble actividad que significa servir a los demás, no servirse de ellos.
Algunos, incluso, han dejado su ciudad para radicar en otros sitios, sea en Tamaulipas o en el extranjero, gobiernan a sus municipios a larga distancia.
Eso sin duda se refleja en una pobre capacidad de atención y resolución de problemas.
Tamaulipas no se merece ese trato de las autoridades que juraron proteger a sus municipios y contribuir a su desarrollo y a mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
Ahora que comenzó la pasarela de aspirantes a este cargo en los 43 municipios, es conveniente que se sienten a analizar, a reflexionar qué es lo que buscan al postularse como candidatos.
Porque de alcaldes de papel o virtuales ya están cansados los ciudadanos.
No se puede continuar manteniendo con recursos públicos a aquellos hombres y mujeres interesados sólo en el bienestar propio y el de sus allegados.
Los presupuestos no están para darles a ellos una vida cómoda, llena de privilegios inimaginables.
El dinero público es para atender las demandas de la población, no para cuidar a los alcaldes como si fueran muñequitos o muñequitas de sololoy.
Esperemos que todos los apuntados para participar en la rebatinga por las alcaldías y diputaciones antes de meterse en las campañas, analicen que los ciudadanos tienen, en el momento de emitir su voto, la poderosa decisión de darles la espalda.
Porque la hipocresía y la falsedad, señores y señoras aspirantes, es algo que no se puede ocultar y se percibe a kilómetros de distancia.
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