Pos seguimos con el ansia, el ansia loca, de que abran ya los puentes internacionales, ¿a poco tú no brody?
Los que no se aguantaron nada nadita fueron unos amigos regios, que con la excusa de ponerse la vacuna anti Covid pos se jueron en vuelo a McAllen, para visitar un Walgreens, previa cita on line, pa’ ponerse la Johnson & Johnson o la Pfizer.
Desde luego que tuvieron que pagar un chorro para hacerse las pruebas negativas, antes de salir desde el aeropuerto en la prestigiosa línea de Aeromar o alguna avioneta privada.
Claro que lo hicieron con el vuelo de ida, de pasada fueron al mall, o al Walmart pa’ ir de shopping. La raza se ahorró algunos dolaritos regresándose por bus, pero bueno nosotros nos aguantamos, porque nos dejan pasar con esa visa chafa.
Porque pa’ qué sirve, si no nos dejan mirujear, no vaya a ser que los contagiemos con las gotículas a los de la migra de la Border Patrol, al ir estornudando cuando cruzamos las casetas.
¿Entonces pa’ qué fregados sirve el certificado de vacunación? Que por cierto en ningún lado nos dijeron cómo sacarlo en la página de coronavirus de México.
Yo con estos ojos que les miran prispiretos ví que daban una tarjetilla y que escribían con pluma azul o ponían sellitos donde validaban su aprobación.
Claro que cuando acompañé a la Rosa María a ponerse una, hubo quienes llenaron su propio comprobante, como si supieran los códigos de la Secretaría de Salud.
A mi vieja le pusieron la SinoVac y naiden nos dijo que ésta no es válida en el país de Joe Biden.
Adiós a las idas a Lubys a probar el pesacadito empanizado con salsa tártara, o de perdida a las Whataburgers con tocino y las onions rings.
Después de tanto tiempo de espera, estarán de acuerdo que hemos ahorrado miles de dólares en comprar puras cosas esenciales, que por cierto haciendo una limpieza de clóset me encontré algunas:
El sweater de tortuga que estaba pasado de moda, pero que me costó 5 dólares en una venta “once of a lifetime”; la vajilla celeste de patos muy contry, que no va para tu casa minimalista; el juego de películas VHS de Disney, solo porque son de Disney.
Y así miles de cosas inútiles que estorban y no sabes donde poner.
Porque no me digas brody que no tienes un cuarto de triques donde vas acumulando cajas y cajas con cosas que no quieres tirar “porque valen mucho dineroooo”.
Somos acumuladores compulsivos y todo lo que nos regalan, siempre cabe en un cajón o rincón de la casa, a sabiendas que nunca las vamos a usar.
Así con la pandemia nos llenamos de caretas faciales de plástico, cubrebocas desechables que no tiramos nunca, tapetes sanitizantes que no se usan ni el Oxxo, y varios litros de desinfectantes y geles antibacteriales, que aquí en México te dan un poco en todos los negocios que están en semáforo naranja.
Mis queridos cuatro lectores, les pido paciencia pa’ que abran los puentes internacionales, pero no hagan tanto guato, si ya ahorraron mucho en este tiempo, aunque sabemos que miles de personas perdieron sus trabajos, así que sus tarjetas bancarias se lo agradecerán.
Y ya apáquensen, y mejor coman una Maruchan.


