Ojalá hubiera alcanzado la vacuna

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Ya hace un año que comenzamos con el brote de Covid-19, que parecía ser una enfermedad que se controlaría en China, donde surgió.

Nunca imaginamos que su alcance sería global, como otras pestes con las que anteriormente habría luchado para sobrevivir la humanidad.

Actualmente, se espera con la campaña nacional de vacunación, en la que se atienden principalmente a los adultos mayores, baje un 80 por ciento la mortandad y que estemos preparados para la siguiente ola de contagios.

En México, a la fecha suman 197 mil muertes por esta pandemia y 2.18 millones de personas afectadas por el virus, según el subsecretario de salud, Hugo López Gatell.

En enero del 2021, a dos meses de cumplir un año de que llegara a México, entramos a la segunda ola de Covid y, fue a causa de las fiestas decembrinas, cuando se dispararon los casos.

Uno de los afectados, fue nuestro querido amigo, poeta y editor Iván Trejo, que dio falso negativo y le trataron el Covid-19 como influenza.

Como un milagro pudo hablar y despedirse con un 30 por ciento de oxigenación. No pudieron ayudarlo ya que tarde se enteró que tenía Covid-19.

Guardo en la memoria tanto los regaños, como sus consejos; que por su honestidad no se podía callar y por su educación de alguna manera los decía con gracia.

A través de él conocí personas dedicadas a la literatura y la poesía, con los que nos divertimos en algunas salidas que tuvimos y con quienes recientemente platiqué y lamentamos su partida. Hasta estuvimos en su misa de cuerpo presente, en las capillas de velación, gracias al internet.

La última vez que lo vi, lo saludé en su stand de Atrasalante, en la feria del libro del 2020, en Cintermex. Estaba con una sonrisa y como siempre servicial cuando le dije que buscaba a la maestra Nora Castillo, que iba a presentar su libro.

No sabía que sería mi último acercamiento, si no me hubiera quedado más tiempo platicando con él y no dudaría en agradecerle los momentos y alegrías que como amigos compartimos.

Iván se casó hace un par de años y como amiga, me alegré que estuviera en esa nueva etapa. Ahora que lamento su partida, no solo por ser un ser humano tan completo y talentoso, sino por la felicidad que le faltó por vivir junto a su esposa.

Meses antes lo había saludado por medio de las redes sociales, me dijo: “ ¡feliz cuarentena!, lo que indicaba que todo estaba bien de su lado y que además se estaba cuidando.

Meses después, van surgiendo nombres del papá de alguien, la mamá de alguien, pero no esperas perder a un joven como Iván, ya que solo tenía 43 años.

Después de su partida, busqué su libro de poesía que me había regalado hace más de ocho años. En su dedicatoria me escribió: “Espero que estos versos llenen las ausencias que los ojos no ven”.

Se piensa que los artistas se adelantan al futuro; su musa del pasado le ayudó a darnos consuelo a quienes lo conocimos, de su presente partida.

En su recopilación de poesía “Presagio contra el destierro”, encontré un par de poemas que nos hablan hoy:

“…pronto comenzarás a hurgar en estos días y enumerarás aquello que no alcanzamos/ recordarás cada charla y vendrás al recuerdo entre ventisca/ tu mirada se detendrá en el horizonte/ como estas vías de tren en que te miro alejarte”.

Se nos fue Iván, en estos días de pandemia en los que no llegó la vacuna antes, como en épocas antiguas en el que no había cura para enfermedades…”se nos fue…en estos días en que las víctimas son números sin nombre…”

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