La película “Ya no estoy aquí” sí es lenta y de repente tuve que adelantarla para ver si sucedía algo en escenas más adelante, pero no encontré nada. Volví a donde la había dejado, solo por conocer la historia, no porque me pareciera buena.
Esta película está realizada a un modo que no parece más documental que película, porque no tiene clímax.
Si lo tuviera, sería un tema demasiado explotado que es la migración a Estados Unidos, pudiendo haber encontrado unos de mayor interés tanto para retratar el nivel socio cultural como la psicología del personaje principal.
Les faltó mayor investigación de historias de vida dentro de esa subcultura, aunque se aplaude la idea original.
Gracias a la película “Ya no estoy aquí”, se le da visibilidad a las personas que son olvidadas por pertenecer a la clase baja-baja, que son discriminadas y marginadas por las clases más favorecidas.
A la clase media y alta no les simpatiza esa sociedad que habita en las partes altas de los cerros en Monterrey, porque los consideran unos delincuentes inadaptados, drogadictos e irresponsables que no quieren trabajar.
Podrían ser todo lo anterior, pero antes de juzgarlos se podría intentar entender que el etnocentrismo que se vive en aquellas comunidades sesgadas de la sociedad, también se debe a que no cuentan con una educación que les haga ver más allá de el circulo donde se desenvuelven.
Durante muchos años han ido madurando la cultura donde han vivido de todo que también mutó a la delincuencia organizada, pero es importante recalcar que no nace ahí, pero cuenta con la estructura para que se de manera natural, ya que los habitantes se dividen en bandos.
Tal vez esa docu película sirva para indagar y no ver de manera superficial a quienes viven en carne propia esa situación por la cual son rechazados, y que se basa simplemente en los grupos de pertenencia y gustos musicales.
Las personas que nacen en esas zonas quizá nunca conozcan otras realidades que las que viven a diario, ni ejemplos de personas que los ayuden a tener otra visión de mundo y los empoderen para salir de ahí.
Viven en un circulo vicioso en el que los atrapar la pobreza y una realidad de la que son presos hasta su muerte que también es producto de los mismos vicios, como lo retrata la película.
Tristemente se les discrimina por sus gustos, por sus cortas o nulas aspiraciones, por su estilo de vestir, por tipo de asociación, nivel educativo, por los vicios a los que no saben ni como llegaron, simplemente siguieron la corriente.
Es fácil señalar a todas esas personas sin haber al menos pasado un día en su entorno cultural, pero así funciona la cultura regia, porque quizá su parvenu les toque las entrañas, pues la mayoría de la clase media tiene sus raíces en esas zonas de las que logró salir.
Mientras tanto muchos Ulises siguen por ahí sin poder ser guiados para saber que hay vida más allá de su símbolo Star y que no necesariamente para mejorar la visión deben de dejar su gusto por la música colombiana, que es lo que les ha dado identidad.
La película, finalmente dicta que hay que para dejar de discriminar e intentar rescatar a las nuevas generaciones que surgen de esas zonas de pobreza que necesitan educación y una mejor visión del mundo.


