A 30 years (añitos) del terremoto de la Ciudad de México quedan muchas cicatrices por curarse. Hay heridas que siguen dea’tiro bien reteabiertas para chorro de personas.
La impotencia de actuar ante un evento de esta naturaleza paralizó a miles y dejó también familias pulverizadas. Otras hicieron esfuerzos increíbles por rescatarlas.
19 de septiembre de 1985. Eran las 7:17 horas cuando empezó el movimiento telúrico, “nadien” se imaginaría la fuerza tan enorme que tumbaría decenas de edificios en las calles de la capital y varios en Tlatelolco.
Con una magnitu’ de 7.8 grados (otros lo ubican en 8.1) el sismo sorprendió a todos, pero como en toda ciudad grande el movimiento no paraba endenantes, porque el tráfico intenso no se detuvo en sus alrededores. Parecía ser un día como cualquier otro.
El epicentro fue cercas de Lázaro Cárdenas, Michoacán, pero la onda sísmica llegó con “juerza” a la capital.
-¿Me lleva?-, le cuestioné a un taxi driver de un Volkswagen y junto con él fuimos platicando la angustia de pasar por un evento de esta naturaleza. Luego me di cuenta que él iba pasando por ahí, que decidió darme “raid” y hasta no me cobró.
Poco se sabía de inmediato que las cifras de muertos superaban los 7 mil, pues luego aseguraron que eran más de 10 mil. Las grandes stories (historias) llegaron después, como los bebés rescatados o el surgimiento de los “topos” mexicanos, los rescatistas que metían entre los escombros para salvar a los que quedaron atrapados.
Curiosamente en este momento todo estaba calladito, no se escuchaban voces de personas atrapadas en las paredes cercanas. Porque lo “juerte” estaba en la zona del centro histórico o de Tlateloco.
Una noche antes iba al Hotel Regis, que debido a una manifestación por la avenida Reforma me hizo quedarme del otro lado y salvé mi vida. Este hotel no resistió y se cayó matando a muchos de sus hospedados.
El mero día fue inesperado. Despertó a todos sin avisar. La sensación es algo que no se olvida nunca.
7:17 horas. Cerca de dos minutos que parecían eternos. Estaba en el tercer piso durmiendo en el Casablanca.
Movimiento de paredes que no cesan. No era un juego, pero el sentimiento maltrata. Qué haces ante algo como esto.
Observé por la ventana un grupo de niñas de un colegio cercano, correr de un lado hacia otro, por ello mejor me alejé de ese lugar.
Luego el crujir de los mosaicos del baño como si fueran palomitas de maíz en un microondas. Sólo me ubiqué debajo del marco de la puerta, para esperar que terminara el movimiento.
Todo se lo dejé a Dios. Curiosamente mi compañero Juan Jesús Cortés, gritaba “Dios mío”, aunque él se confesaba ateo. Porque brody, ¿qué se hace en un sismo? Sino aguardar a que pase.
En el caos, en una experiencia como esa, como que sale el espíritu de supervivencia. Aguardas el momento, esperando que no se caiga el techo encima de ti. Era como subirse a la montaña rusa, con un piso que no acababa de estarse quieto. ¿Así son los sismos?
En un tiempo sin celulares ni internet, lo único era ir al front desk para pedir línea para hablar a casa, pero fue imposible en toda la semana.
Ya en el aeropuerto, entrevisté a varias personas para hacer una crónica. Pero desconocíamos la magnitud del sismo. No se sabía nada, sólo que había temblado. No vi imágenes del desastre que causó entonces.
Con un viaje a Acapulco en puerta, llegamos en la tarde al puerto con dudas y nos enteramos de que la cosa sí que estaba muy grave, porque no había comunicación en todo México. La magnitud del sismo no se dimensionó en el momento.
Ya entonces la televisión nacional empezó a difundir las imágenes de edificios caídos como el de Tlateloco y hoteles del DF. También empezaban a publicar listas innumerables de personas que se reportaban desaparecidas, tanto por los canales de Televisa como de TV Azteca.
En estos momentos lo que más importa es la familia y en mi home (casita) mis brothers Chuy y Lety, como mi cuñado Secundino hicieron su viaje a la Ciudad de México, con la orden de traer a su hermano Pepe. Vivo o muerto.
Al día siguiente, el 20 de septiembre una réplica de otro sismo ocurrió con “juerza” y venía de Zihuatanejo.
Ya después con el paso de los días se supo de la magnitud cercana al sismo, que dejó a más de 10 mil muertos. Algunos aseguran que las cifras fueron maquilladas, que eran más de 30 mil.
Rosa María estaba en Reynosa, pero cuenta que su mamá y hermanos vivián en el DF, pero no pasaron peligro.
Ahora en su 30 aniversario se realizaron simulacros en todo el país. Quesque en el próximo la people estará más preparada. Eso no se sabrá hasta el momento que ocurra.
Por ello el 19 de septiembre es una fecha que no se olvida. Sobreviví a un sismo “juerte” y no todos viven para contarla. Pero todavía hay heridas que no acaban de cerrar.


