Sociedad, ¿exitosa?

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Con los regiomontanos hirviendo por el calor y del coraje por la falta de agua, la revista The Economist sorprendió al anunciar que, en sus mediciones anuales sobre habitabilidad en el mundo, Monterrey fue considerada la mejor ciudad para vivir en México y la onceava en la región latinoamericana.

Más allá de que el timing de la publicación no pudo ser peor ante la emergencia humanitaria creada por la falta de agua, es bien reconocido desde hace mucho que la capital neolonesa y su zona metropolitana destacan por su desarrollo urbano, nivel educativo y empuje económico que la han convertido en un modelo de éxito para locales y foráneos que la siguen eligiendo como plataforma de progreso.

Yo elegí Monterrey en 1988. Fue en ese verano cuando abandoné a mi familia para emigrar a tierra regia y matricularme en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UANL. La fama de la ciudad y de la facultad -en ese tiempo una de las pocas escuelas de comunicación en universidades públicas- atrajo en ese semestre a casi 500 aspirantes de fuera de Nuevo León, de los cuales no más de 50 fuimos aceptados. Poco a poco fui aprendiendo del modelo regio de trabajo duro, esfuerzo permanente y competencia constante, reflejado en Eugenio Garza Sada, en la Fundidora de Fierro y Acero, en los niños campeones de ligas pequeñas, y muchos y muchas más que han hecho del éxito parte fundamental del ADN regiomontano.

Como parte fundamental del mecanismo social, los políticos han echado mano de ese ADN regio de éxito para acceder al poder. Aunque la narrativa ha evolucionado, el mensaje fundamental que arenga y apela a la esencia regia de éxito ha estado siempre allí, cautivando electores.

La primera generación que desarrolló esa narrativa local fue el poderoso grupo Monterrey, que, tras romper con el gobierno federal tras el asesinato de Eugenio Garza Sada en 1973, la nacionalización de la banca en 1982 y la “renovación moral de la sociedad” de Miguel de la Madrid, se unieron al PAN y proyectaron en 1985 uno de los suyos, Fernando Canales Clariond, a la gubernatura estatal.

El fraude electoral en contra del empresario neopanista no solo avivó, también expandió la narrativa regia al inyectarle el componente de orgullo regional ante los agravios, abandono y abusos del centro del país, que encontraron -como en el resto del norte de México- tierra fértil entre los electores, quienes en 1997 consumaron exitosamente la alternancia estatal y le dieron a Acción Nacional el primer gobierno de oposición en Nuevo León.

Con la licencia de Canales Clariond en 2003, el PRI retomó el control de la narrativa regia de éxito -en la que renunciar es inaceptable- y convencieron al electorado para votar por Natividad González Parás. Seis años después, el partido tricolor entendió que la mejor manera de conservar el poder era reactivando el ADN regio, pero esta vez con elementos de juventud y modernidad que encontraron en Rodrigo Medina.

Seis años y niveles escandalosos de deuda pública, corrupción y despilfarros después, Jaime Rodríguez Calderón capturó la decepción de los neoloneses -el honor es vital en el ADN regio- y con su mensaje “bronco” transformó la democracia en México al convertirse en el primer gobernador independiente del país.

El concepto de sociedad exitosa integrado en la mentalidad regiomontana dentro de un contexto electoral siguió evolucionando y alcanzó hasta hoy su punto más alto en la elección estatal pasada, cuando los millennials Luis Donaldo Colosio Riojas, Samuel García y Mariana Rodríguez identificaron, formatearon y explotaron eficientemente -digital y presencialmente- el ADN de los regiomontanos para ofrecer su versión de cambio, trabajo, progreso e identidad regional. La oferta funcionó, y el estado y su capital son hoy gobernados por jóvenes políticos con discursos de innovación y pertenencia que apuntalan la ideosicracia de una sociedad regia exitosa.

Los investigadores Peter Hall y Michele Lamont han definido a una sociedad exitosa como “aquella que provee a sus miembros de los recursos para vivir sana, segura y satisfactoriamente.” La falta de agua en la zona metropolitana de Monterrey, la recrudecida guerra por el control del territorio entre y contra grupos criminales, y los contenedores de basura frecuentemente rebasados en las calles reflejan que, para los jóvenes gobernantes impregnados del ADN regio, tal parece que su modelo de éxito les está quedando muy corto, como seguramente Monterrey se quedará el próximo año en las evaluaciones de The Economist de las mejores ciudades para vivir en Latinomérica.

Horacio Nájera es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UANL y maestrías en las Universidades de Toronto y York. Acumula 30 años de experiencia en periodismo, ha sido premiado en Estados Unidos y Canadá y es coautor de dos libros.

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