Terrorismo de Ovidio

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A lo largo de la semana he leído y escuchado las opiniones de los expertos en materia de seguridad pública que en forma unánime criticaron el desenlace del Culiacanazo, pero lo que no dijo uno solo de ellos es qué hacer cuando mediante el terrorismo se presiona a la autoridad para que tome una determinación, que en el caso que nos ocupa fue la liberación de “Ovidio, El Grande”, quien por medio de sus inmortales puso contra la pared al gobierno federal -lo de inmortales es porque más tardan en enterrar a uno que en entrar al relevo otro-.

Por su parte, los medios de comunicación desarrollaron encuestas para evaluar si la ciudadanía aprobaba o reprobaba la determinación de liberar al hijo de El Chapo, los resultados arrojaron que fue ligeramente mayor el número de los que consideraron que la regaron, al de los que opinaron fue necesaria la medida, datos que obvio amargaron a los adversarios del presidente López Obrador: esperaban una repulsa generalizada.

Por lo anterior, los versados en temas de seguridad arreciaron en sus críticas aunque soslayando lo más importante de este tema, como lo es el eventual advenimiento de una era de terrorismo, para la cual los civiles no están preparados para adoptar determinaciones ante este tipo de presiones, y la alternativa para poner en manos de gente apta este tipo de problemas: dará escalofríos a los amadores de los derechos y la democracia.

En resumen: AMLO salió ileso del Culiacanazo porque según Mitofsky y Parametría conservó su respaldo social. Le queda el pendientito del MORENA que está transmutado en un partido de socarrones, que por haber convertido en una mesa de tahúres la renovación de su comité ejecutivo nacional les anularon el proceso, lo que me recuerda lo que me dijo en una ocasión el diputado federal Armando Zertuche,” una cosa es el Morena, otra los amloístas y no se diga los que forman parte de la 4T”. Y sí, se está viendo que hay diferencias.

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