A mediados de la semana pasada lo encontramos en El Ébano, un restaurante concurrido en Ciudad Victoria a la hora del desayuno. Ahí nos platicó que su accidentada etapa en la Dirección de Tránsito Ciudad Victoria estaba a punto de terminar; ya había presentado su renuncia y solo se afinaban los últimos detalles para el proceso de entrega-recepción.
El funcionario decía sentirse satisfecho por los logros alcanzados, presumiendo un incremento en los ingresos municipales por concepto de multas viales, pero seamos claros: esto no se debe a que los agentes de vialidad se hayan vuelto más strictly disciplinados de la noche a la mañana, ni a que los conductores victorenses arrastren una repentina racha de civismo.
Los trasfondos y tensiones en Tránsito Ciudad Victoria
El fondo del asunto es que disminuyeron las fugas de dinero provocadas por los actos de corrupción internos; con salarios raquíticos que apenas rondan los nueve mil pesos mensuales, los agentes caen con tremenda facilidad en la tentación de exigir dinero fuera de la nómina. Eso sin contar con que muchos de ellos son sumamente enamorados y sostienen dobles frentes; por algo en los pasillos de la corporación existe el bautizado grupo de “El Tránsito del Amor”.
Hoy, supuestamente, ese dinero ingresa limpio al municipio y ya no se queda tirado en el camino. Son varios millones de pesos los que mensualmente van a parar a la tesorería municipal a costa de los infractores; sin embargo, la realidad es que la delegación de Tránsito Ciudad Victoria —al igual que otras corporaciones locales— carga con el estigma de operar como un auténtico centro de extorsión, donde los agentes de crucero a menudo se limitan a acatar órdenes superiores para entregar cuotas, teniendo que cumplir la exigencia de una u otra manera.
Finalmente, ayer Javier Córdova dejó de ser el delegado de la corporación, tras permanecer poco más de un año al frente. Córdova sabía perfectamente que sus días estaban contados. Su nombramiento no emanó del municipio, sino que le fue impuesto desde la estructura estatal; una posición de tal relevancia y complejidad operativa jamás sobrevive si carece de la confianza total de quien es su jefe inmediato: el alcalde Eduardo Gattás Báez.
El cortocircuito entre ambos era insostenible. Recordemos que hace unas semanas el propio Lalo Gattás irrumpió personalmente en un operativo antialcohol para poner orden entre los agentes, rebasado por la montaña de denuncias ciudadanas que llegaban a su escritorio quejándose de cobros ilegales, extorsiones descaradas y todo tipo de arbitrariedades nocturnas. Tras ese manotazo, el alcalde procedió al despido fulminante del coordinador operativo, inculpado de ser la mente detrás de las anomalías recaudatorias.
La renuncia de Javier Córdova y el tablero político estatal
El pasado miércoles, en la mesa de El Ébano, Córdova nos confirmaba que su dimisión estaba firmada y que esperaba que esta vez sí se la aceptaran. Ya se la habían rebotado anteriormente debido a que en el Palacio Municipal no tenían a la mano un relevo con el perfil necesario para apagar el fuego en la Dirección de Tránsito Ciudad Victoria.
Sin embargo, el tablero político se movió. El jueves posterior, Córdova se sentó a almorzar con el secretario general de Gobierno, Héctor Joel “El Calabazo” Villegas González, y el subsecretario Tomás Gloria Requena. En esa mesa se terminó de sellar su suerte y se planificó su retirada.
Aceptada la renuncia, las piezas del rompecabezas estatal comienzan a reacomodarse. En el tercer piso ven a Javier Córdova como una pieza útil para el accidentado cierre de una administración estatal que requiere, con urgencia, hombres de experiencia. Ya no hay margen para experimentos improvisados, ni mucho menos para regalar curvas de aprendizaje: es el momento definitivo para cerrar filas, purgar deslealtades y fortalecer a los equipos compactos del gobernador.
Habrá que ver qué destino le asignan a Córdova, a quien en el pasado ya habían postulado para las fiscalías Anticorrupción y General de Justicia, pasando algunos filtros antes de que en Palacio decidieran frenarlo para mantenerlo en el calabozo de la vialidad de Tránsito Ciudad Victoria. Ahora que ya dejó la dependencia, su reacomodo es inminente.
El avance del Partido Verde y las proyecciones electorales
En la acera de enfrente, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en Tamaulipas vislumbra un panorama por demás positivo. Su dirigencia opera un evidente crecimiento en su estructura territorial y en su padrón de militantes con la mira puesta en las alcaldías. El Verde se sabe poseedor de cuadros competitivos y con un margen de crecimiento real en la entidad.
Para muestra, el reciente festejo de cumpleaños de Manuel Muñoz Cano, un evento que sirvió como pasarela para figuras prominentes de la política estatal que verdaderamente suman capital; destacando la presencia de la senadora Maki Ortiz Domínguez y del alcalde de Reynosa, Carlos Peña Ortiz.
Muñoz Cano sabe perfectamente que el Verde se encamina a devorar espacios y a condicionar su alianza con Morena en Tamaulipas. El escenario es claro: de la mano de Maki y de Carlos Peña, el Verde aspira a devorar los municipios de la frontera, teniendo a Reynosa como su primera y más sólida aduana.
La segunda parada de esta estrategia es precisamente la capital del estado. Ahí, el Partido Verde pretende venderse como la única solución viable para salvar la plaza mediante una coalición con el partido guinda, de cara a una elección que se anticipa encarnizada y donde las condiciones políticas actuales para la 4T son de pronóstico reservado.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
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Fuente oficial de referencia: Gobierno del Estado de Tamaulipas


