En junio de 1972 se celebró en la ciudad de Estocolmo, Suecia, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, en la que participaron 1,200 delegados de 110 países. Los debates de la Conferencia de Estocolmo fueron precedidos por la publicación de un estudio científico cuya redacción final quedó a cargo de los investigadores Bárbara Ward y René Dubos. El libro “Una sola Tierra” publicado hace prácticamente medio siglo, fue uno de los primeros llamados de atención que nos hizo la ciencia para mantener un medio ambiente sano y evitar una catástrofe de proporciones planetarias.
Desde entonces se sabía que la industrialización intensiva estaba contaminando el agua, al aire, la tierra y que algunas especies animales estaban en grave peligro de extinción, por lo que urgieron a los jefes de estado de hace 5 décadas a establecer una amplia colaboración entre las naciones para adoptar medidas de alcance internacional a fin de revertir esa tendencia.
Tristemente, como humanidad no hemos sido capaces de entender, mucho menos atender la crisis medioambiental que, ahora sí, constituye una amenaza en el corto plazo.
El cambio climático nos está matando, a los seres humanos, y de paso, nos llevamos por delante a las demás especies vivas que habitan el planeta.
En días pasados, el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático presentó un extenso informe que se analizará en la cumbre climática a celebrarse el próximo mes de febrero en Glasgow, Escocia.
En este informe se destaca algunos efectos que traerá la crisis climática en la que ya estamos inmersos y que se agrava constantemente por la irresponsabilidad con la que hemos administrado los recursos naturales del planeta.
Algunos fenómenos climáticos ya se están presentando, con motivo de la acumulación de los gases efecto invernadero, como han sido las recientes e inusuales inundaciones en Alemania, los grandes incendios en Australia o la ola de calor de 46.6 grados que padeció hace algunas semanas la población de la Columbia Británica.
Este grupo de expertos ha decretado que el planeta está en código rojo. Cada vez sufriremos nuevas embestidas de fenómenos naturales y climáticos con más frecuencia y mucho más severos.
Según cálculos de los expertos, si se continúa colapsando a los ecosistemas, dentro de algunas décadas, alrededor de 420 millones de personas estarán expuestas a un calor insoportable y mortal, 350 millones padecerán escasez de agua, decenas de millones padecerán hambre crónica y se disparará la pobreza extrema en el planeta.
Como seres humanos, no hemos sido capaces de aprender de nuestros errores ni atender las advertencias, como la que hizo el Centro de Enfermedades Infecciosas de Minnesota, cuyo director, Michael T. Osterholm señaló hace más de 20 años que tarde o temprano enfrentaríamos una pandemia de grandes proporciones. Nadie hizo caso, hasta que nos llegó el virus Sars Cov 2.
La humanidad necesita de líderes capaces de organizar una verdadera y efectiva política ambiental para combatir el cambio climático. Hasta ahora sólo hemos visto algunos esfuerzos aislados, porque en la gran mayoría nuestros líderes siguen sin entender la responsabilidad que tienen ante millones de personas.
Si a esto se agrega la irresponsabilidad de millones de personas en el planeta que hacen todo lo posible para acabar con él, el panorama que se aprecia es digno del más horrendo de los infiernos dantescos.
No dudo que, aunque advertidos desde hace medio siglo de las catástrofes que se avecinan, sigamos lanzando más gases efecto invernadero al medio ambiente y contaminando los ecosistemas para darle el golpe final a nuestro planeta Tierra.
Nos dirigimos hacia un inminente destino fatal. El planeta permanecerá, la humanidad no.
Nota: Se puede consultar el comunicado de prensa emitido el 9 de agosto por el grupo del Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático en la siguiente dirección electrónica: https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/2021/08/IPCC_WGI-AR6-Press-Release-Final_es.pdf


