Yo no sé realmente si la afición de los felinos esté un tanto inquieta por lo inofensivo que se ha visto su equipo en las ultimas semanas. Bueno, en las recientes, porque espero que haya más semanas y no sean las últimas…
Yo vi a don Tuca muy sereno, bromista incluso por una “pin… mosca” que le andaba robando los reflectores en la rueda de prensa. Bromeó incluso con que no estaba albureando a la raza que cubre la fuente.
Dicen que “el ave canta aunque la rama cruja… como que sabe lo que son sus alas”… o séase, que ante los nubarrones, es bueno mantener la serenidad, aunque los resultados no hayan sido los deseables y tus cañoneros se hayan ido de vacaciones de Semana Santa… con tres de anticipación.
En un equipo donde los defensas y volantes casi por decreto tienen prohibido ver el arco de enfrente (no se diga intentar tirar) es complicado si solo dependes de los que traen escopeta y más pior si no andan finos en su puntería.
Porque los otros aunque traigan pistola, no disparan ni en defensa propia.
Lo que sí parece ingrato es que cuando todo era risas y cohetones, bengalas y serpentinas, pitos y flautas -estamos hablando hace tres fechas cuando le pusieron una zapatiza al América- la “culpa” era de Gignac, Sobis, Damián, Damm y Aquino…
Luego que salieron a enfrentarse con el Monterrey y hacer como que jugaban un Clásico lleno de pasión y locura (en las gradas, porque en la cancha fue un fiasco) y luego sin poder hacer gol tampoco ante Pumas y Puebla, ahí los reflectores se fueron contra don Tuca.
Y claro que es su responsabilidad, pero también lo era cuando ganaron… ¿O no?
¿O cómo?… ¿yo me como las verdes y tú las maduras?
Dicen que los entrenadores en público le dan el crédito de los triunfos a sus jugadores y asumen valientes las derrotas…
Ya en privado, echan chinas y juanas contra su equipo, pero en público, asumen esa postura de Juan Camaney de “Aquí estoy yo, y con los muchachos no se metan”.
Hay equipos que son buenos, “a pesar de su entrenador”; hay otros que lo son, “gracias a su entrenador” y hay algunos otros, esos son los mejores, donde ambas partes aportan por igual, donde el entrenador y jugadores ponen sobre el tapete lo que ambos saben y la maquinita camina. Pueden perder, ganar o empatar, pero se nota que el trabajo en el pizarrón y en la cancha de prácticas se pone al servicio del juego el día de la función. A veces jala, a veces no, pero siempre lo intentan.
Entrenadores como Vucetich, Miguel Herrera, La Volpe o Tomás Boy saben imprimir su sello y estilo en sus equipos.
No digo que los demás no…
Pero en las escuadras de ellos, se nota.
Hay entrenadores que solo son buenos si tienen muy buenos y caros jugadores.
Le pongo un ejemplo. Mañana sale usted, sí usted, no se haga wey, a usted le digo, el que está leyendo… ¿pa que voltea a un lado?… sale usted trajeado en la banca del Barcelona y le apuesto a que “su” equipo gana.
Pasado mañana, bueno el martes, cuando llegue de Barcelona, sale a la banca del Zacatepec o del Atlante o Santos y ahí sí, la mera verdá, no le garantizo nada.
¡Sobres!


