Ya no vengan para acá

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En medio de la pandemia, con la tercera ola del Covid-19, miles de cubanos y hondureños siguen llegando a la border. La cosa brody es que ya no caben más en la Plaza de la República.

Porque es un ansia, un ansia, de cumplir su “american dream”, de verdad son chorros de gente que llega aquí a Reynosa y la cosa ya está fuera de control.

Iglesias cristianas se han dado la tarea de llevarles de comer platos calientes a la mayoría de centroamericanos, les organizan su culto religioso, les dan clases presenciales a los chavos, además de llevarles algunos juguetes pa’ que no se aguiten.

Aunque también hay hacinados oaxaqueños, poblanos y michoacanos, quienes argumentan que ya no se puede vivir en su pueblo por tanta violencia.

Y no es para menos, luego de sobrevivir en el largo trayecto, la extorsión de los mañosos que les piden “cuota” en dólares pa’ seguir avanzando en su trayecto a estos lares.

Si vimos antes de la pandemia que cientos cubanos, como algunos haitianos y africanos deambulaban por las calles para hacerla de limpiavidrios, muchos se fueron adaptando al mercado local.

Los he visto haciendo filas para cobrar su money order en las Sorianas, pero también trabajan ahí de cajeros, o de meseros en los restaurantes Estrella y hasta tratando de descubrir el hilo negro haciendo pizzas y pollos asados, que aunque no me crean, les quedan delis.

Cuando ves a un moreno en una pesera local como que piensas decirle “eh chico, tú no ere’ de por aquí” y claro, si es gente trabajadora pos queremos que se queden acá pa’ levantar la economía.

Hasta la Rosa María al ver ese descontrol en la plaza con los cubanos y hondureños, como que quiere llevarles una paca de ropa, pa’ que tengan más chambritas que usar, pero yo le digo que tenga mucho cuidado y prometió ir con gel, cubrebocas y con la Susana Distancia, que en este sitio, es prácticamente imposible.

No solo en Reynosaville, he visto que algunos se quedaron de paso en Monterrey, al saber que no está papita cruzar el río Bravo, nomás porque sí.

El año pasado la cosa era más o menos sencilla, los migrantes se anotaban en una lista que coordinaba las autoridades de Migración y la Casa del Migrante, luego los iban llamando para que cruzaran el puente internacional Reynosa-Hidalgo, para luego que siguieran el proceso, siempre y cuando demostraran que tienen parientes en Falfurrias, Nueva Orleans, o de perdis en Miami.

Con la reciente revuelta en Cuba, donde la economía está cada vez pior, pos como que muchos quieren salir a tocar el bongó fuera de la isla para bailar la conga, pero no me crean, sabemos que “muchos” beisbolistas o tienen una carrera médica, que ya la quisieran los milenians de por acá.

Volviendo a la Plaza de la República, me encontré a una gringa haciendo exámenes médicos a los nuevos “inquilinos” del lugar, pero qué creen, pos lo que se imaginan, una gran mayoría viene con Covid-19, entonces la contagiadera está muy peligrosa.

-No puede entrar-, me dijo en el lugar que estaba acordonado y como buen gacetillero quise indagar, pero no hubo quien informara. Luego salió un doctor disque de la Secretaría de Salud que mencionó que todo estaba controlado, pero nanai, vayan y dense una vuelta pa’ que pasen un buen susto.

Ya lo dijo el buen Richard Cortez, juez del Condado de Hidalgo, al declarar estado de emergencia por la multiplicación del Coronavirus y no por la raza que cruza de mojados el río Grande, sino por lo que están exigiendo su asilo legal.

Mientras la variante Delta hace de las suyas en el Valle de Texas, pos seguimos sin poder cruzar para ir de “shopping” a Ross y Target, o en la Plaza Mall, donde dicen… dicen, algunos residentes que están más mejor sin tantos mexicanos guatosos.

Mi sobrino regio Mario Alejandro está decidido a ir a McAllen, porque ya no aguanta más de esa ansia loca, ya planea irse en avión a 237 dólares, eso sin contar con el gasto de los exámenes de negativo a las pruebas de Covid-19,  que te piden los gringos de la Border Patrol del aeropuerto.

Por ahí dicen que algunos sólo compran el vuelo sencillo y pos aprovechan para ponerse la vacuna Pfizer, pa’ no hacer las colas kilométricas en México.

Ya se regresarán en autobús pollero para México, pero con el gusto de haber mirujeado las tiendas, de comprarse puras cosas esenciales como una blusa con la bandera de las barras y las estrellas en una oferta “one in a lifetime offer ever”, de esas que luego verás más baras en la Pulga Jarachina de por acá.

Y sí, para mis cuatro fans que andaban con el pendiente, también probar una Whataburger with bacon, que les voy a decir que ya me acostumbré a la de Carl’s Jr, o a la de Wendys cuando ando de rol en Monterrey.

Mientras tanto no dejen de preocuparse, ya alargaron la apertura del puente internacional otra vez, como lo han hecho cada 21 del mes.

Por lo pronto lávense las manos a cada rato o pónganse gel, usen doble cubrebocas y traten de ser felices, que a este mundo no se vino solo a sufrir.

 

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