Yo le he querido decir…

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Yo le he querido decir que mi aprecio y afecto por él son grandes y sinceros aunque pensemos distinto y quizás más bien, sea precisamente por eso.

Lo que no me gusta es que se ponga furibundo, que se le hinchen las venas del cuello y de las sienes, que se le desorbiten los ojos y se le desgañite la voz cada vez que hablamos de política y en particular de AMLO.

Yo no soy ni seguidora, ni chaira, ni fanática de AMLO, pero tampoco me desgasto odiándolo con ferocidad y vociferando improperios marchando detrás de Gilberto Lozano que en el fondo me parece un Peje de élite.

Pero a él le molesta que yo no deteste al presidente tanto como él lo hace. Peor aún si se me ocurre encontrarle alguna rara cualidad. Se transforma y se pone como si le hubiera echado agua a un gremlin.

No me gusta que de pronto, se suba en un pedestal imaginario y desde ahí, me insulte diciendo un montón de descalificativos sobre mi capacidad de análisis, mi raciocinio, mi nivel de inteligencia, y hasta de mi honestidad profesional. Por ahora no me habla.

Se enojó porque le pregunté que si las carpas que llevaron a la fallida toma del Zócalo, eran gringas o chinas y que de dónde las habían mandado traer porque aquí en México no se hacen y si las hay cuestan muy caras. ¡Haz de cuenta que le eché chamoy en un ojo! (Yo nada más estaba preguntando), Pero hasta la pregunta ofende, porque a la gente fascista no le gusta que la cuestionen.

Luego se enojó más porque dije que en realidad AMLO le cayó “como anillo al dedo” al Bronco y a los diputados locales de Nuevo León, porque desde que Gilberto Lozano encabeza FRENAAA y se ocupa de canalizar el repudio ciudadano contra el presidente, ya dejó en paz al gobernador y a los legisladores a quienes sistemáticamente les hacía manifestaciones en las que a voz en cuello y micrófono en mano, les gritaba un montón de insultos, groserías e improperios de muy baja ralea. ¡Haz de cuenta que le di una descarga eléctrica con un cable pelón de corriente 220! Hasta temblaba del puro coraje.

Creanme que es iimposible hablar en esos etremos y mucho menos debatir. Exactamente lo mismo me ha pasado con amigos que sí son AMLOvers, como Martha Zamarripa que era mi amiga y la perdí precisamente por mis cuestionamientos. Ahora ella es embajadora de México en Belice y yo tengo una amiga meno, además de que sus seguidores me atacaron como hienas en manada.

Pero sigo con mi amigo, luego se me ocurre comentar que nada más dos personas convocarían a una manifestación o un mitin masivo en medio de una crisis sanitaria en plena pandemia: AMLO y su reflejo en el espejo Gilberto Lozano…¡Casi tuve que gritar por auxilio y salir corriendo porque le salían chispas rojas por los ojos y bufaba como un toro de Miura a punto de embestir!

En fin, yo creo que tiene mucho miedo. Nunca lo ví así…ni cuando López Portillo nacionalizó la banca y devaluó el peso, ni cuando Salinas le quitó los tres ceros al peso, ni cuándo o se cometieron los magnicidios de Colosio y Ruiz Massieu, ni siquiera cuando sucedió lo de Ayotzinapa, o cuando se fugó el Chapo (varias veces) o tantas otras tragedias nacionales relacionadas con las malas políticas y corrupción.

Antes, el nada más decía: “¡Ah qué caray!”…pero ahora mienta madres y se pone muy mal y si sigue viendo la Mañanera se le va a venir una gastritis con colitis además de la neurosis y la psicosis de la que ya presenta fuertes síntomas.

Quiero pensar que es el encierro, el tedio, y la falta de quehacer que lleva lo que va de la cuarentena…yo no sé. Pero, ningun presidente vale una pelea con alguien por quien siento afecto. Siempre será mejor una buena relación que tener la razón. El tiempo dirá.

Solo quiero que sepa que mi aprecio y afecto por él son sinceros y que mi opinión o cuestionamientos sobre la política de este país tan surrealista, nada tienen qué ver con mis nobles sentimientos.

Estamos bajo la misma tormenta pero no vamos todos en el mismo barco. Yo prefiero la perplejidad que el pánico; prefiero la incertidumbre que el catastrofismo.

Dice Noah Harari que el pánico es una forma de arrogancia, porque nace de una postura de que uno sabe exactamente lo que va a suceder en el futuro y que seguramente, lo que sucederá será una catástrofe. Los prisioneros del pánico son como unos profetas de la desgracia. Dedican mucho tiempo a quejarse y poco tiempo a buscar soluciones alternativas.

Lo que me da mucha tristeza es que en el pánico, como en el fanatismo, todo se ve en blanco o negro y se pierde toda capacidad de hacer una evaluación más ecuánime.

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