Monterrey, N.L.- Parecía una locura, una decisión inexplicable. Dejar al Olympique de Marsella para vivir una aventura en una liga que no es tan publicitada en el mundo como la mexicana lucía más como una jubilación, que como una oportunidad para brillar.
Pero André-Pierre Gignac empacó sus pertenencias y viajó a Monterrey para convertirse en la máxima joya del futbol mexicano.
Fue cuestión de que la directiva de los Tigres hablara con el delantero galo para convencerlo de integrarse a la nómina del conjunto de la UANL que cuesta actualmente 55 millones de dólares.
El Olympique pensaba bajarle el sueldo a la mitad, aunado a que el futbolista de 30 años tenía ganas de conocer el “ambiente de locos” de la competición mexicana. La cercanía con Estados Unidos y las playas acabaron por convencer al ariete de dejar su país.
“Primero lo que hicimos fue preguntarnos quién estaría dispuesto a escuchar una propuesta nuestra. Pensamos en André-Pierre y fue afirmativa su respuesta”, revela en entrevista con EL UNIVERSAL, el presidente de los felinos norteños, Alejandro Rodríguez.
“De ahí en adelante, comenzó un enamoramiento, porque le dimos a conocer el club, lo que es Nuevo León, los hospitales, colegios y nuestra Universidad. Él, al ver muchas imágenes de México, se dio cuenta de que nosotros no estamos sentados abajo de un nopal como se piensa en el extranjero”, comparte el apodado “Inge”.
El galo a respondido con goles y ya está cerca de ser campeón con los Tigres, cuando enfrenten a los Pumas de la UNAM, con ventaja de 3-0.


