Guadalajara, Jal.-
Dolor. Intenso y constante. Se refleja en el rostro. Se toca el muslo izquierdo. El mismo que se había lesionado. En la noche de su reaparición, sube al “carro de las desgracias”. Abandona el campo. Atlas recibe una lección: es muy dura la vida sin Leandro Cufré.
Cuando el argentino abandona el terreno de juego, los Rojinegros ganan por 1-0. Sin él, la zaga local es vía libre. Un error tras otro. Hasta que San Luis se lleva la victoria del Estadio Jalisco, por 2-3, en la fecha 14 del Apertura 2012.
Atlas ya conoce la derrota del Querétaro. El futbol brinda oportunidades y la de esta noche es importante: una victoria puede alejar a los Rojinegros de los Gallos Blancos, en el fondo de la tabla porcentual. Pero los resultados, dicen los entendidos, deben trabajarse.
Aunque es San Luis el equipo que toca la puerta primero, con un zurdazo de Luis Ángel Mendoza que pasa muy cerca del poste, al minuto 15, la escuadra tapatía toma el control del partido inmediatamente después de eso.
El ecuatoriano Luis Bolaños, muy activo por el costado izquierdo, levanta la mirada y localiza su objetivo en el área. El centro es templado. Medido. Matías Vuoso se levanta para conectar potente, de cabeza. César Lozano hace una buena exhibición de reflejos. Con un manotazo desvía a tiro de esquina, al ’21.
Cuando un equipo sabe aprovechar los momentos que la cancha dicta, por lo general encuentra ventaja. Atlas es claro ejemplo. Héctor Mancilla controla el esférico fuera del área. Siempre oportuno el chileno. Lleva el arco retratado en la mente. Su disparo es raso. Colocado. Hace inútil el lance de Lozano. La pelota entra pegada al poste derecho. Explosión. Gol del Atlas, al ‘25.
Como puede, San Luis reacciona. Emilio López, por el costado izquierdo dispara con potencia. Miguel Pinto mueve ágilmente el guante y su desvío pega en el travesaño. La pelota cae en pies de Noé Maya. El arquero lo persigue. El jugador visitante saca un “globito” al arco. En la línea de gol, Hugo Isaac Rodríguez salva a los Rojinegros, al ’36.
Un minuto más tarde, Atlas sufre algo tan doloroso como un gol en contra. Leandro Cufré, el capitán, el líder de la defensa, el que reaparece después de una lesión, se resiente sobre el terreno de juego. Se toca la misma zona que se había lastimado. No puede más. Se va.
Es dura la vida sin Cufré. Sin él, los Rojinegros no existen al arranque de la parte complementaria. La zaga apenas observa. El centro desde la derecha viaja al corazón del área. Ahí, donde Leandro ya no está, Emmanuel Cerda salta y empuja de cabeza el 1-1, apenas a los 17 segundos de iniciado el complemento.
San Luis tiene todo a favor. Dos minutos más tarde, es Luis Ángel Mendoza quien descuelga por la banda izquierda. Encara a Miguel Pinto. Un vistazo al arco. Decisión rápida: disparo potente y cruzado. Estremece el poste. Atlas se salva.
Pero los potosinos insisten. Los Zorros duermen plácidamente en una cama de lujo, verde y enorme. Emilio López entra al área, sin mucha dificultad, por el costado izquierdo. Llega a línea de fondo. Diagonal retrasada. Facundo Erpen se cruza en el viaje de la pelota. Hace contacto con ella. La manda al fondo de su arco. Autogol del zaguero local. Los visitantes ya ganan, al ’52.
El descontrol es total. Atlas no articula pases. No recupera pelotas. No respira sobre terreno de juego. Luis Ángel Mendoza tiene en sus pies el “tiro de gracia”. Conduce directo al arco. Tiene para tocar a Cerda y que sólo empuje. Decide ser héroe solitario. Mala elección: su disparo es potente pero desviado, al ’62.
Eso da vida a los locales. Facundo Erpen aprovecha una de esas generosas oportunidades que brinda el balompié. Hay error en la marca, pero eso no es culpa suya. Caza la pelota en un tiro de esquina y el cabezazo sacude las redes. El 2-2 se decreta al ’66.
Pero es dura la vida sin Cufré. Una pelota retrasada es mal medida por Facundo Erpen. En la zona donde se debe jugar con mayor seguridad, el argentino falla. Pierde la pelota. Santiago Trellez se la roba. Ingresa al área. Se quita a Miguel Pinto. Empuja el 2-3 definitivo, al ’82.
Atlas deja escapar la enésima oportunidad de alejarse del Querétaro. Parece que, para salvarse del descenso confía, plenamente en los Gallos Blancos. La esperanza de calificar se extingue como la luz de una vela en medio del huracán. Qué dura es la vida sin Cufré.

