Cruz Azul avanza a la antesala de la final

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Cancún, Q.R. / Mayo 8.-
Al final de cuentas, el gol de ventaja fue suficiente. Cruz Azul lo defendió a ultranza y se vuelve semifinalista.
El empate a cero goles en Cancún fue a sudor y sangre, los Cementeros echaron mano de entrega y orden para lograr defender esa ventaja que los pone otra vez en la palestra (2-1).
Atlante fue digno rival, intentó de todas las formas que podía, pero al final de cuentas las limitantes de su plantel costaron más, pese a que tuvieron opciones para marcar el tanto que les hubiera dado el pase.
Cruz Azul está en semifinales, vence otro fantasma más, el de no de saber defender una ventaja y ahora todo parece ganancia.
Atlante salió tal como lo indicaba el librito, a morder, a comerse el balón y bombardear sin piedad la portería de José de Jesús Corona.
Fueron 17 minutos de absoluto dominio azulgrana, durante los cuales Cruz Azul no salió ni siquiera de su campo. Los balones que le llegaban a los Cementeros eran despejados, con el único objetivo de tomar aire ante tanto acoso, ante tanto ímpetu del desbocado potro que le sacaba jugó a su terreno.
Alex Diego mandó el balón al poste y Fausto Pinto en la misma jugada en dos ocasiones, evitó que el balón cruzara la línea de gol. Parecía que era cuestión de tiempo para que el gol de los de casa llegara, pero a final de cuentas el tiempo fue su peor enemigo. El tanto no llegaba, los Cementeros echaron mano de toda su experiencia para pasar el vendaval: armaron la bronca; Corona salvó un par de tiros de Giancarlo Maldonado y así, poco a poco la calma regreso al bando celeste.
Esto no quería decir que el Atlante dejara de intentarlo, pero el trabajo se dificultó. Enrique Meza sacó la sapiencia, ordenó volver a las bases, a tocar la pelota a ras de pasto y aunque se fue impotente al ataque, la ventaja aun era para su equipo.
El Hobbit Bermúdez se desesperaba y aparecía más adelante de lo necesario, lo que partía a su equipo, mientras que en La Máquina el esfuerzo de César Villaluz y Christian Giménez, muchas veces era echado por la borda por las constantes fallas de Marcelo Palau. Al final de cuentas, Cruz Azul, con sufrimiento y todo, consiguió su objetivo con el correr de los minutos y se fue con ventaja global al descanso.
La cara de la escuadra visitante cambió para la segunda parte. Gerardo Torrado metió la calma en la media cancha, peor Javier Aquino le dio, al fin, la salida ofensiva. Ya no sólo fue defender a ultranza, sino generar llegadas, tanto que “El Chaco” se plantó al fin frente a Moisés Muñoz, aunque desperdició la oportunidad de liquidar el partido.
Mas la realidad es que sólo era un gol la desventaja de los Potros, que sabían que en cualquier momento podían tener su segundo aire. El Hobbit, ya con el gafete de capitán, volvió a tomar las riendas del juego, el Atlante volvió a ser peligroso. “Kikín” Fonseca remató a las espaldas de Araujo y Jerónimo Amione rasuró el poste derecho, ante la desesperación de su fanaticada.
El tiempo comenzó a volverse factor. Meza refrescó la media cancha y Miguel Herrera apostó el todo por el todo ante las constantes fallas de su delantera. Los minutos se acortaban para Atlante y se alargaban para Cruz Azul. El nerviosismo invadió la tribuna y penetró al campo. Las pelotas iban en cascada sobre la portería de Corona, quien se multiplicaba para recogerlas.
El silbatazo final hizo saltar de alegría a la banca azul, que al fin se sacudió uno más de sus malos ratos en Liguillas. A final de cuentas, la ventaja fue suficiente y se supo defender, ante un equipo que suele ser cliente en fase final.

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