Sudafricanas elogian México: “son amables y hospitalarios”

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Ciudad de México.-

Mientras la Selección Mexicana celebraba su triunfo sobre Sudáfrica en el partido inaugural del Mundial 2026 y miles de aficionados festejaban en las gradas, dos mujeres sudafricanas vivían la jornada desde una perspectiva mucho más personal.

Para ellas, el encuentro no solo representaba el debut de sus países en la Copa del Mundo, sino también el reflejo de una historia de afecto y vínculos construidos con México.

Una recorrió más de 14 mil kilómetros para acompañar a su selección en la inauguración mundialista. La otra llegó al país hace casi siete años y encontró aquí un nuevo hogar, una familia y una segunda identidad.

Aunque sus caminos fueron distintos, ambas coinciden en algo: México terminó ocupando un lugar especial en sus vidas.

En entrevista con EL UNIVERSAL, Xolelwa Khwanini y Nicole Mpetsheni compartieron cómo la hospitalidad de los mexicanos, el intercambio cultural y la pasión por el futbol las llevaron a construir una conexión que hoy va mucho más allá de los 90 minutos de un partido.

Para Xolelwa Khwanini, viajar a México para presenciar la inauguración del Mundial 2026 significó mucho más que apoyar a la selección de Sudáfrica. Detrás de su decisión existía una historia que comenzó 16 años atrás, cuando su país hizo historia al convertirse en la primera nación africana en albergar una Copa del Mundo.

Durante aquel Mundial de 2010 fue testigo de la llegada de miles de aficionados mexicanos que cruzaron continentes para respaldar al Tricolor y convivir con una cultura distinta. Esa imagen permaneció en su memoria durante años y, cuando México se convirtió en sede del Mundial 2026, sintió que era momento de devolver el gesto.

“Fue por la manera en que la selección mexicana y sus aficionados llegaron en gran número a apoyarnos en 2010, cuando Sudáfrica fue sede del Mundial”, recordó.

Durante sus primeros días recorrió Pachuca, visitó Real del Monte, caminó por calles que apenas conocía y convivió con personas que, asegura, transformaron por completo la percepción que tenía sobre México.

Uno de los momentos que más la marcaron ocurrió cuando una familia mexicana, a la que acababa de conocer, la invitó a cenar a su casa.

Para muchos podría parecer un gesto sencillo. Para ella fue una muestra de confianza y hospitalidad que difícilmente habría imaginado antes de llegar.

“Nos invitaron a cenar a su casa, lo que me mostró la enorme amabilidad de la gente mexicana”, contó.

Aquella visita también le permitió probar por primera vez los tradicionales pastes hidalguenses. La experiencia fue tan buena que pidió repetir.

Pero más allá de la comida o de los sitios turísticos, hubo algo que la sorprendió todavía más.

Antes de viajar había escuchado historias relacionadas con la inseguridad. Sin embargo, aseguró que la realidad que encontró fue completamente diferente.

Desde el momento en que aterrizó en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México comenzó a sentirse tranquila.

“Diría que es seguro al 110%. No quiero mentir. Desde que llegué al aeropuerto y me trasladé a la ciudad vi policías por todas partes”.

Durante su estancia incluso salió a correr por las mañanas y recorrió distintas zonas caminando, una experiencia que terminó derribando muchos de los prejuicios que había escuchado desde el extranjero.

Por ello, cuando habla con personas que todavía dudan en visitar México, tiene un mensaje muy claro.

“Muchas de las cosas negativas que han escuchado sobre México no son ciertas. Es un país muy seguro. Recuerden no juzgar un libro por su portada”.

La historia de Nicole Mpetsheni siguió un camino completamente diferente.

Originalmente tenía planes de mudarse a Honduras para trabajar como profesora de inglés. Sin embargo, la pandemia de Covid-19 cambió por completo su destino.

“El día que llegué cerraron las entradas a varios países y yo me quedé en México”, recordó.

Lo que comenzó como una estancia temporal terminó convirtiéndose en una nueva vida. Sin dominar el español y sin saber cuánto tiempo permanecería en el país, decidió quedarse y construir su futuro aquí.

Con el paso de los años construyó una nueva rutina, formó una familia y encontró una misión que hoy ocupa buena parte de su tiempo.

Junto con su esposo mexicano creó “Shudu & Ubuntu”, un proyecto dedicado a acercar la cultura sudafricana a los mexicanos mediante experiencias gastronómicas, exposiciones culturales y artesanías.

La iniciativa surgió después de darse cuenta de que muchas personas todavía tienen una visión limitada sobre el continente africano.

“Hay mucha gente que no sabe que dentro de África hay 54 países. Existen diferentes raíces, diferentes idiomas y culturas”.

Aunque sus experiencias en México han sido muy diferentes, ambas coinciden en algo: los mexicanos y los sudafricanos tienen mucho más en común de lo que imaginan.

Para Nicole, las similitudes aparecen en aspectos fundamentales de la vida cotidiana.
La importancia de la familia, el valor de las tradiciones, la riqueza gastronómica, la diversidad cultural y el orgullo por las raíces son características que, asegura, comparten ambas naciones.

“Sudáfrica es muy similar a México en muchas cosas, en el sentido de la familia. Es muy rica en cultura, también tenemos civilizaciones antiguas con lenguas originarias. También fuimos colonizados”.

No obstante, Xolelwa descubrió esas similitudes de una manera más espontánea.

Durante sus recorridos por Hidalgo encontró personas dispuestas a ayudarla incluso cuando la barrera del idioma parecía un obstáculo.

“La gente te ayuda si te pierdes, incluso usando aplicaciones de traducción porque no hablamos el mismo idioma”.

Para ambas, la hospitalidad terminó convirtiéndose en uno de los rasgos más representativos de México.

Aunque México se impuso a Sudáfrica en el partido inaugural del Mundial 2026, para ambas mujeres el encuentro significó mucho más que un resultado deportivo.

En el caso de Nicole, el duelo enfrentó simbólicamente a los dos países que han marcado su vida: la nación donde nació y aquella en la que construyó un nuevo hogar; por lo que le siempre le resulta imposible inclinarse por uno u otro.

“Ambos están en mi corazón. Tengo mis dos playeras, una de México y una de Sudáfrica”, confesó.

Por ello, mientras el mundo recuerda la victoria mexicana en el arranque de la Copa del Mundo, Xolelwa y Nicole prefieren quedarse con otra imagen: la de dos culturas que se encontraron gracias al futbol y descubrieron que tienen mucho más en común de lo que imaginaban.

Porque, al final, más allá de los goles y los marcadores, las historias que deja un Mundial también se construyen fuera de la cancha.

“Somos rivales en la cancha, pero hermanos en la vida”, concluyó Nicole.

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