Berlín, Ale. / Marzo 16.-
El austriaco Joseph Fritzl, quien encerró y violó durante 24 años a su hija Elisabeth en el sótano de su casa de Amstetten, se declaró hoy culpable de violación e incesto, pero rechazó los cargos de asesinato, al inicio del juicio en su contra.
El juicio contra el conocido “monstruo de Amstetten”, por el horror de sus actos cometidos, comenzó este lunes en la ciudad austriaca de Sankt Pölten, a unos 60 kilómetros al oeste de Viena, entre grandes medidas de seguridad y una gran atención mediática.
Durante su comparecencia ante la Audiencia Provincial de la ciudad de Sankt Polten, Fritzl también rechazó las acusaciones de esclavitud contra su hija Elizabeth, a quien reconoció que privó de su libertad.
Fritzl, quien escondió su rostro ante las cámaras con una carpeta azul de documentos, aceptó con débil voz que es culpable de incesto, y rechazó su responsabilidad en asesinato de uno de sus siete hijos-nietos que procreó durante su relación con Elisabeth.
“No soy culpable”, subrayó Fritzl ante la pregunta de la presidenta del tribunal, Andrea Humer, si se declaraba culpable de asesinato, según un reporte de la edición electrónica del diario austriaco Die Presse.
La fiscalía acusa a Fritzl de dejar morir en 1996 a uno de los recién nacidos que tuvo con su hija, al que posteriormente quemó en una caldera.
En la declaración de Elizabeth, que fue grabada en video para evitar enfrentarse a su padre y a los medios de comunicación, explicó cómo fueron los 24 años que pasó encerrada en el sótano, junto con sus hijos.
Fritzl secuestró a su hija el 29 de agosto de 1984, cuando tenía 18 años, haciendo creer a su esposa que la joven se había unido a una secta pero en realidad la encerró en el sótano de su casa de Amstetten, donde la violaba regularmente.
Durante los 24 años de encierro dio a luz en el sótano sin ventanas a siete niños, de los cuales seis consiguieron sobrevivir y tres de ellos tuvieron que vivir con su madre en la misma habitación que ella. Los otros tres vivieron con Fritzl y su mujer.
“Los primeros tres años mantuvo a su hija encerrada en sólo once metros cuadrados”, explicó la fiscal Christiane Brukheiser durante la lectura del acta de acusación.
“No había calefacción, ni ducha, ni agua caliente”, agregó la fiscal, tras calificar los años de cautiverio como un “martirio inimaginable de la víctima”.
Elizabeth pudo respirar solamente el aire que se filtraba por los huecos del muro del sótano. En los primeros nueve años no tuvo más que un lavabo, una cama y un fogón para cocinar. “Nadie puede imaginarse realmente qué ocurrió allí abajo”, destacó la fiscal.
“En el sótano imperaba una mórbida atmósfera. Es un lugar húmedo, con moho y podrido”, añadió.
El abogado defensor, Rudolf Mayer, se mostró en su réplica en contra de la descripción de su cliente como “monstruo” y afirmó que Fritzl no cometió estos actos por deseos sexuales, sino porque “quería tener una segunda familia”, explicó.
“Mi cliente se arrepiente de sus actos”, declaró Mayer poco antes de comenzar el proceso.
“El se muestra arrepentido de todo lo que haya podido ocasionar a las víctimas debido a su personalidad”, dijo Meyer.
Según un dictamen médico, Fritzl tiene una disfunción psíquica grave, sin embargo, él se ha declarado en plena disponibilidad de sus facultades mentales, añadió el abogado defensor.
El proceso contra Fritzl está previsto que dure cinco días y podría ser condenado a una pena de cadena perpetua, por el cargo más grave que se le imputa que es el de asesinato.


