México, D.F. / Enero 5.-
Seguro de que Melchor, Gaspar y Baltasar vienen de Estados Unidos, el pequeño Daniel se mueve con pasos rápidos entre las calles empedradas del Centro, a fin de vender pronto los globos con motivo del Día de Reyes, a quienes, afirma, ya les pidió un “coche de pilas”.
Fan de Buzz Lightyear, de Bob Esponja y su mejor amigo Patricio Estrella, el pequeño no muestra demasiado entusiasmo por los globos, como por el coche que ya le pidió a los Reyes Magos.
No obstante, a sus nueve años, el tiempo para disfrutar de sus pocos juguetes no es mucho ya que debe “partirse” en varios para ayudar también a sus papás en el puesto de ropa típica que tienen junto a la Alameda de León, en el corazón del Centro Histórico.
Aunque entre él, su gemelo y su hermano mayor realizan una especie de “operación hormiga” para trabajar, Daniel platica que desde que recuerda, dedica parte de su tiempo a vender algo, ya sea ropa típica o artículos de temporada.
Con timidez, pero no menos entusiasmo, habla de la escuela, de las materias que cursa en una primaria del Centro de la ciudad y de otros niños que como él, se dedican a vender en la calle junto con sus papás, otros comerciantes que ofertan sus productos en la vía pública.
Aunque ya se frota las manos al pensar en el juguete que pueden traerle los Reyes, el pequeño globero no hace demasiados planes, ya que este 6 de enero también deberá salir a vender globos desde las 9:00 horas. ¿El premio? Ninguno, revela.
La venta de globos es parte de la pequeña empresa familiar y sólo le queda contribuir al igual que sus hermanos, a la manutención de toda la familia, en tanto sus dos hermanos más chicos, uno de dos y otro más de cuatro, crecen y se unen a la venta de artículos de temporada.
Por el momento, la pequeña figura de apenas un metro, con ojos grandes y despiertos, se desliza juguetón, asido de decenas de globos de colores que muestran los estampados de princesas de cuento o súper héroes.
Con prisa, Daniel continúa su trayecto desde el norte del Centro Histórico hacia el Zócalo, donde sus padres ya lo aguardan para continuar la labor que promete ser ardua.

