La primera Navidad de los Ignacio Cruz

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Reynosa, Tam.-
Con gran ilusión Juanita Ignacio Cruz y sus cuatro hijos esperan la Navidad, que este año será diferente pues por primera vez en sus vidas tendrán en su casa un pino y decoración navideña.
En una calle sin pavimentar de la colonia Ampliación Villas del Roble, que las recientes lluvias han vuelto casi inaccesible, se encuentra la humilde vivienda marcada con el número 817.
La casa, pintada de un tono rosa pálido, luce cercada por tablas de diferentes tamaños, clavadas unas a otras y unidas con alambres.
Al tocar a la puerta nos recibe Juanita, una mujer de piel morena y cabello recogido quien viste un humilde atuendo que inmediatamente es opacado por su sonrisa y calidez.
En el interior del domicilio, que aún se encuentra en obra negra, nos encontramos con la algarabía de sus pequeñas: Ariana, de 7 años; Monserrat de 5 y la más tímida, Camila, de tan solo 2; José, el hijo mayor, observa la escena con una sonrisa.
Juanita es originaria de Chinampa de Gorostiza, una comunidad ubicada en la zona norte del
Estado de Veracruz colindante con el municipio de Naranjos.
Llegó a Reynosa hace quince años para atender a sus hermanos que habían emigrado a esta ciudad buscando mejores oportunidades de vida.
Tras haber llegado a Reynosa extrañaba su pueblo y amigos, pero sobre todo a su padre, quien al fallecer su mamá, contrajo matrimonio nuevamente.
“Muchas veces pensé en regresarme a mi rancho, me sentía muy triste y aquí era muy diferente, pero con el paso del tiempo uno se acostumbra y pues aquí sigo”, dijo.
Actualmente todos sus hermanos están casados y ya formaron sus propias familias, menos uno, que vive con Juanita y sus hijos y quien se ha convertido en el apoyo moral y económico del hogar.
“Mi hermano quiere mucho a mis hijos, cuando llega del trabajo abraza a las niñas y juega con ellas, tenemos una convivencia muy bonita”, expresó.
Amor es lo que sobra en esta humilde vivienda, pero no así los recursos económicos, por lo que además de su tío, el mayor de los hijos de Juanita tuvo que empezar a trabajar en una maquiladora, truncando sus estudios.
“Cuando tenemos algo de dinerito nos vamos por ahí a dar la vuelta y es muy bonito porque mis niñas se ponen muy contentas”, apuntó.
Juanita afirma que el camino no ha sido fácil, pues le toca ser padre y madre a la vez. Es por ello que trata de dar lo mejor de sí día con día para que no les falte nada a sus hijos, haciendo equipo con su primogénito, quien complementa su trabajo como obrero con la venta de raspas en el tianguis de la colonia Jarachina.
Sin embargo, no siempre son buenos tiempos y esto ha ocasionado que Juanita se vea en apuros para solventar la educación de sus hijas, ya que las escuelas son muy caras y todos los días hay diferentes gastos.
Su hermano se ha convertido en su gran apoyo, ya que además de ser el sustento económico, día con día le brinda motivación para sobrellevar la pesada carga de pobreza.
Las enfermedades no son ajenas a esta humilde familia y como siempre pasa, cuando el dinero falta la situación se complica aún más.
Recordó que hace dos años, al estar embarazada, se vio en la necesidad de ser intervenida quirúrgicamente por problemas en la vesícula, pero debido a su estado de gestación se convirtió en una situación de alto riesgo.
“Fue algo muy difícil, pero gracias a Dios como pudimos salimos adelante y tanto mi niña como yo hoy estamos muy bien”, relató.

SUEÑOS INFANTILES
Como todo niño, Ariana, Monserrat y Camila adoran los juguetes, sobre todos los que están de moda, aunque el único lugar donde puedan verlos sea la televisión.
“Hay veces que me piden cosas que yo no les puedo dar, ven las muñecas en la televisión y me dicen: ‘mamá, yo quiero una, cómpramela’, pero les explico que a mi no me alcanza el dinero; pero como quiera trato de que nada les falte y cuando se puede les compro una muñequita, no como las que quieren pero si muy bonita”, dijo Juanita.
Para la mayoría de las personas la celebración de la Navidad es una tradición, las casas se llenan de luz y color durante diciembre y la noche del 24, las familias degustan una exquisita cena.
Pero para esta familia las cosas han sido muy diferentes, en su casa nunca ha habido adornos multicolores, sus paredes no están decoradas por ornamentos navideños y la cena es servida después de muchos sacrificios.
Juanita recuerda que en ocasiones no hay regalos para sus hijos, pues la situación económica no se lo permitía.
Una de las pocas excepciones se dio el año pasado, cuando pudo comprar un juguete a cada una de sus hijas, además de que preparó un mole que fue el más exquisito manjar.
“Mis niñas quedaron felices porque cenaron y les pude dar un regalo y a mi hijo mayor que le di un dinerito para que se comprara lo que él quisiera”, mencionó.
Esta Navidad será especial, ya que Daniela Escamilla, maestra de una de las pequeñas de Juanita, propuso a esta familia para ser beneficiaria de la campaña realizada por Hora Cero para ofrecer “Una Navidad Diferente”.
Juanita reconoció sentirse muy sorprendida cuando le notificaron que había sido elegida, y aunque en un principio dudó si aceptar o no, decidió hacerlo al darse cuenta de la gran felicidad que les daría a sus niñas.
Lo que más la conmovió fue cuando una de sus hijas le dijo: “si mamita, yo si quiero, quiero mi regalo y mi pinito”.
El tan ansiado pino llegó y junto con él, la alegría de tres pequeñas que ansiosas esperan la Navidad.
Cuando el equipo de Hora Cero llegó a su casa, Camila, Monserrat y Ariana observaban atentas la caja larga, alta y delgada de cartón que contenía el pino y las bolsas donde venían los ornamentos.
Con gran asombro fueron sacando esferas multicolores, pequeños moños de color rojo, “pelo de ángel” de color plateado y las series de foquitos navideños.
Sin embargo, el momento más feliz fue cuando sacaron el árbol de su caja, mismo que colocaron junto a una de sus ventanas, donde se encontraba un palo y unos clavos del que pendía una cortina azul de encaje.
En familia, fueron colocando cada uno de los ornamentos en el pino y al terminar la labor, no dejaban de admirar su obra, mientras su madre las observaba con una discreta sonrisa.
Posteriormente vino la colocación de una bota, una esfera de velcro, un Santa Claus, cascabeles y otros foquitos más en la ventana de una casa que por primera vez en quince años contará con un decoración navideña.
“Nunca habíamos tenido un pinito, me siento muy feliz de ver la sonrisa de mis hijas y cómo se emocionan; a veces me preguntaban por qué los vecinos si tenían y nosotros no y yo trataba de explicarles que por falta de dinero no podía comprárselos, pero ahora ya lo tienen”, dijo la entrevistada.
Junto al verde y brillante árbol las tres niñas se abrazan, brincan y bailan, mientras su mamá y hermano las observan felices.
Después de todo esta familia tiene mucho por qué sonreír, pues ya no sufrirán al tratar de ahorrar unos pesos para tener una cena navideña, lo que hará que esta Nochebuena quede para siempre en sus memorias.

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