Después de un lustro de haberse esfumado de sus vidas, el Espíritu de la Navidad regresó al hogar de la familia López López, colándose por la ventana de la fachada principal de la vivienda de madera y alumbrando con su corazón de esfera a una madre soltera y sus dos hijos quienes desde hace algunos años no sentían sobre ellos una escarcha de felicidad.
Y es que la familia integrada por Mayra Jesica López Maldonado, de 29 años de edad, y los pequeños Evelyn Anahid y Juan Francisco López López, de 10 y 8 años de edad respectivamente, casi olvidaba las sensaciones que emergen con la temporada decembrina y que como el ponche, endulzan la vida.
No ha sido fácil para ellos salir adelante, han pasado por montañas de problemas, de carencias, pero es la unión que los ha mantenido en la lid del existir para completar las 24 horas del día y continuar el camino.
Radican en la colonia 5 de Diciembre y paradójicamente es el mes decembrino cuando les pesa aún más la vida, pues no queda un peso para un pino navideño, ni para un pavo, menos para regalos, cosas tan comunes en la época para algunas familias pero que constituyen un vacío para otras.
La casa de madera en la que viven tiene sendos espacios libres, son pocos los muebles y casi no hay luz, solo la de sus sonrisas que alumbran los cuartos de esta vivienda que años atrás fue el punto de reunión de abuelos, primos y hermanos.
Ahora ya es vieja, el tiempo la ha deteriorado, ha entristecido su aspecto, el patio cobijado por un gran nogal tiene un aspecto melancólico que añora el tiempo pasado cuando fue pista de baile y celebración en esas fechas.
Pero la situación ha comenzado a cambiar, a ser diferente, la Navidad ha retornado al hogar de esta familia dándoles algo de esperanza, algo de luz, pero sobre todo arropando con su manto majestuoso de guirnaldas y campanas su inquebrantable unión.
NADA COMO
CELEBRAR EN CASA
Tiene algunos años que Mayra, Eveleyn y “Paco”, no pasan una Nochebuena en su mesa, ni despiertan una Navidad en su cama y no es porque no quieran, es porque no cuentan con los recursos para poder hacerlo y por ello tienen que recurrir a sus familiares para poder festejar.
“La pasamos en familia, no me quejo de eso, pero yo quiero estar aquí en mi casa con mis hijos y no andar que con mi hermana o con mi prima. Quisiera que mis hijos pasaran una Navidad bien porque ya van algunos años que no reciben regalos”, dice Mayra.
Mayra refiere –sin quejarse– que las cosas se han tornado complicadas, está desempleada, apenas puede alimentar y dar educación a sus hijos, no hay para más. La casa que le heredó su abuela donde ha vivido por 29 años no cuenta con el servicio de agua potable ya que se lo suspendieron por adeudamiento.
Trescientos pesos semanales que obtiene por limpiar un hogar no es suficiente para atender las necesidades de su casa, menos para estrenar ropa en Navidad, tener una cena aceptable y darles algunos obsequios a las dos personas que le dan fortaleza en este mundo: sus hijos.
“Sí hay momentos en que me deprimo mucho pero pienso que no puedo dejarme caer por ellos, ellos hacen que yo en lugar de irme para abajo le siga adelante”, afirma la entrevistada.
Ese amor tan grande que les tiene ella es similar al apoyo que le dan ellos, mientras trabaja se hacen responsables de sus actividades académicas y de las labores del hogar, en especial Evelyn que comparte su niñez con la madurez de hacerse cargo del hogar.
“Son muy buenos estudiantes y pues le digo, la niña me apoya mucho en cosas que no tiene que estar pasando, ella tiene que estar en lo que es su niñez y no es así”, dice.
Evelyn y Paco regresaban de la escuela cuando encontraron que dentro de su hogar estaban unas personas para ellos desconocidos que traían consigo envuelto el Espíritu de la Navidad en una caja café y una bolsa de plástico grande.
Eran los empleados de Hora Cero quienes estaban ahí, esperando que los menores llegaran para compartir “Una Navidad Diferente”. Los chiquillos abrieron sus corazones y recibieron esa pizca de alegría que se les estaba dando ya por la tarde de ese día.
De pronto la vivienda volvió a ser el eco de muchas voces y risas, de gente caminando de un lado a otro, iluminando diciembre con extensiones de focos parpadeantes al sonido de canciones de la temporada que alegran el oído y el alma.
Los niños, penosos ante la cámara, tímidos a las entrevistas, participaron enjundiosos sin reservas en la colocación del pino navideño junto con esos desconocidos que ahora ya eran parte de la familia, como si se conocieran de años.
Sobre uno de los sillones los niños y su madre ponían el hilo a las esferas mientras los empleados de Hora Cero extendían las ramas del árbol artificial que causó más de una emoción natural.
El pino fue colocado en una esquina de la casa, frente a una ventana contigua a la puerta donde antes estaba un viejo televisor que fue removido a otro punto del hogar.
Cuando la infancia es ligera cualquier situación causa asombro y gracia, pero cuando es áspera se necesita de un pino adornado con esferas, luces, escarcha y un moño rojo en la punta, para que renazca la esperanza.
Eso fue lo que sucedió, el pino se encendió y el corazón de los niños también, con el de todos los presentes y comenzó a revolotear la alegría dando pauta a una Navidad que años atrás no se vivía.
MESA PARA TRES
Esta vez la familia tendrá mesa para tres, un pavo y un mantel, solos, acompañándose como lo han hecho a lo largo de este año de pruebas de las que han salido libres debido a la unidad que existe entre ellos.
El mantel ya está puesto, los platos, los vasos y un par de velas, madre e hijos se toman de las manos y sonríen, aguardarán a que este 25 de diciembre una cena sea colocada sobre esa mesa redonda de sillas frágiles.
“Estamos felices, los niños se miran felices poniendo el árbol y decorando todo. Esta es la primera vez que estaremos solos, va estar bonito, va estar padre estar sola con ellos”, dice Mayra.
Sentados en la mesa, Evelyn y Paco hablan sobre los regalos que quieren, ella quiere una computadora portátil, él un carro control remoto que ha visto mil veces anunciado en la televisión.
Siguen admirando el pino de Navidad, el máximo atractivo del hogar, esa casa a la que le faltan muchas cosas, que tiene pocos enseres, pero que es el refugio de tres personas carismáticas que día con día luchan contra la adversidad.
Mayra cuenta que este año no habrá cabida para la nostalgia, desde que murió su abuela ha sufrido su ausencia además que significó la coyuntura para que las reuniones que se hacían en ese hogar ya no se llevaran a cabo.
Refiere que antes se bailaba, se cantaba, se hacía una verdadera celebración en el amplio patio, pero las cosas cambian y ya no es así, con el tiempo se apagó la llama familiar y solo quedan tres fragmentos: ella y sus hijos juntos a toda costa.
Los tres saben que ese 25 de diciembre será distinto, ya lo esperan y lo ansían, tienen algunas visualizaciones, tal vez esté fresco ese día y permanezcan dentro de la casa de madera resguardándose y saboreando un jugoso pavo.
Y es que diciembre es el mes de los sueños, es la tela donde descansan los deseos que tarde o temprano se harán realidad, como en esta ocasión en que la familia López López ha comenzado a vivir
con emoción.


