Monterrey, N.L.-
Salí en busca de historias a las calles de la zona centro de Monterrey. Era un día con un clima “bipolar”: con algunas partes soleadas y otras nubladas con vientos frescos. La caminata había sido larga por lo que decidí sentarme en un área sombreada del Paseo Santa Lucia.
Contemplaba a la gente pasar y pensaba en nuevas ideas dignas de un relato. A lado mío estaban un señor quien, por su vestimenta, me imagino que era trabajador de la construcción; estaba dormido -no lo culpo, no hacía calor en esa parte de la ciudad-, y otro que aprovechaba su hora de comida para alimentar a las palomas.
Pensé: “me quedaré un rato a disfrutar al aire libre” y procedí a sacar mi almuerzo. De pronto “se soltó el aire” y brindó algo de frescura al ambiente después de días con temperaturas muy altas. Tan fuerte estuvo el viento que al terminar de comer el recipiente donde llevaba mi sandía en trozos voló y cayó cerca del canal.
Me encontraba guardando mis pertenencias, preparándome para volver al trabajo, cuando observé que dos miembros de Fuerza Civil, hombre y mujer, se acercaban a mí. En un abrir y cerrar de ojos ya me tenían rodeado.
“A ver ‘güero’ muéstrenos su identificación que lo vamos a inspeccionar”, dijo el oficial mientras que la agente tomaba mi mochila y sacaba lo que había dentro.
“¿A qué le temes güero? solo estamos haciendo nuestro trabajo”, decía el agente mientras me realizaba preguntas cómo en qué estudiaba, dónde trabajaba y hasta dónde nací. Cuando les dije que era originario de Tamaulipas la cara les cambio.
Seré honesto, levanté sospechas. No por mi apariencia o vestimenta, sino porque traía mis “chochos” para las alergias –soy muy susceptible a los cambios climáticos- y los Policías creyeron que era droga. Peor aún, aseguraban que la inhalaba por el aroma a alcohol que poseen. La afirmación rozó en lo ridículo, pero fue más prudente quedarme callado.
Al no encontrarme nada incriminatorio me dejaron ir en paz. Todo esto mientras el “señor de las palomas” fue espectador de lo acontecido.
“’Ches’ cabrones por todo te quieren agarrar… por eso nadie confía en ellos”, me dijo.
Ambos comenzamos a reír.


