Guerrera anónima contra el Coronavirus

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Monterrey, N.L.-

Cuando se habla de los “guerreros de primera línea” en la lucha contra el Covid-19, los primeros que se vienen a la mente son médicos y enfermeras. Sin embargo, existen otros personajes que tienen una labor igual de relevante durante la contingencia sanitaria.

Se trata de los empleados de intendencia de los hospitales, cuya encomienda es erradicar cualquier rastro del peligroso Coronavirus al interior de los nosocomios.

Mayra Hernández de 39 años de edad, es una de los combatientes anónimos que a diario lidia una batalla contra la enfermedad en el área Covid-19 del Hospital Universitario.

“Armada” con una escoba, trapeador y líquido antiséptico, la jornada de la regiomontana inicia a las 7:00 horas y culmina a las 14:30 de lunes a viernes. Los fines de semana y días festivos se prolonga hasta las 21:00 horas.

Durante ese lapso, Mayra limpia a profundidad las áreas de espera, de trabajo y la sala de urgencias. Todo lo que alcancen sus ojos es objeto de desinfección máxima.

“Hemos tenido mucha capacitación con respecto a lo que tenemos que poner más atención o a qué tenemos que ponerle atención con más frecuencia.

“Sobre todo en esta área que es donde estamos con menos protección, que son las chapas de las puertas, los escritorios, las sillas, hay que estarlas limpiando constantemente porque aquí no tenemos protección en nuestras manos y caras como adentro“, expresó la entrevistada.

Empleada del Hospital Universitario desde hace casi cinco años, a partir de marzo fue designada al área Covid-19, en donde las labores de limpieza se intensifican por la gravedad de la pandemia.

“Sí cambia más que en el hospital común. Nosotros le llamamos limpieza profunda o rutinaria. Todo paciente aunque no esté diagnosticado tomamos la precaución de limpiarlo a detalle: baranda, camas, debajo de colchón, paredes, cortinas, los aparatos que utilizan con el paciente, el baño, todo”, aseveró.

En casa, Mayra es el único sustento económico, por lo que el miedo no está dentro de su vocabulario.

“No me da miedo porque soy una persona de fe y confío en que todos estamos protegidos por Dios”, mencionó.

Y aunque no existe temor, la precaución nunca está de más y parte de las medidas que implementó el hospital ahora las replica en casa.

“Al llegar a casa dejo mi ropa y mis zapatos afuera y me baño. Igual sigo las recomendaciones que nos piden en todos lados, el menor contacto físico posible, aunque ya quiero abrazar a mis hijos porque soy mamá y me gusta apapacharlos”, dijo la regiomontana.

Por último, la trabajadora de limpieza pidió a la ciudadanía no tomar a la pandemia como un juego, pues con sus propios ojos ha sido testigo de su devastación.

Este testimonio es un extracto del reportaje publicado en la edición 365 de Hora Cero Nuevo León que ya está disponible.

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