La última ovación para el decano de la OSUANL

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Monterrey, NL.-

En la OSUANL se vivió un momento histórico: con 48 años ininterrumpidos en la orquesta sinfónica universitaria, el maestro Ramón González Gómez se despide de los escenarios con gratitud y con el reconocimiento de sus compañeros.

En casi medio siglo de trayectoria, la emoción por presentarse ante el público fue una constante para el violinista Ramón González Gómez, quien se despidió de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León (OSUANL) entre aplausos y un emotivo reconocimiento en la Arena Monterrey.

Historia y formación en la OSUANL

Su pasión por la música nació desde la infancia. Durante la primaria, tuvo un primer acercamiento en una estudiantina, donde aprendió a tocar la guitarra de forma empírica. Años más tarde, ingresó a la entonces Escuela de Música de la UANL, ubicada en el centro de Monterrey, donde comenzó su formación profesional y descubrió su vocación que lo guio el resto de su vida artística.

“Yo vivía relativamente cerca de la Macroplaza junto a mi hermano mayor, Arturo, quien ya había entrado a estudiar canto. Así que yo me fui por la guitarra, pero realmente uno no sabía ni qué instrumento agarrar. Había pianos, percusiones, trompetas, de todo un poco”, señaló González Gómez.

Fue en esa etapa cuando descubrió su pasión por el violín. Mientras escuchaba con admiración las melodías de ese instrumento de cuerda, uno de sus maestros reconoció su interés y aptitudes, por lo que lo invitó a formarse como violinista, una decisión que definió el rumbo de su carrera.

“Yo escuchaba un sonido tan bonito de los violines y les ponía tanta atención que uno de mis maestros lo notó y me invitó a conocer este maravilloso instrumento. Entonces mi hermano me consiguió un violín, estuche, arco, todo y empecé ya a estudiar de lleno y me gustó tanto que le seguí”, indicó González Gómez.

Siendo un adolescente, recibió el impulso definitivo del maestro Armando Belmares, de la Escuela de Música de la UANL. Llegó la invitación para integrarse a la OSUANL, institución que no solo le abrió las puertas al ámbito profesional, sino que se convirtió en la gran pasión de su vida.

“Empecé en 1976 cuando tenía 15 años, vine a practicar por un buen tiempo, pero luego me llegó el aviso de que fuera a Rectoría para el trámite de la plaza la cual me llegó el 1 de abril del 78 y yo el más contento por esta gran oportunidad”, mencionó.

A lo largo de 48 años de trabajo como integrante de la sección de violines segundos, ha colaborado con siete directores de la Sinfónica y se ha presentado en importantes recintos locales y nacionales junto al ensamble universitario. Entre ellos, destacan el Palacio de Bellas Artes, la Sala Nezahualcóyotl, el Festival Internacional Cervantino, la Arena Monterrey, el Teatro Universitario y el Aula Magna del Colegio Civil Centro Cultural Universitario.

También ha tenido el gusto de acompañar a artistas de renombre con otras agrupaciones que han enriquecido su experiencia como violinista.

“Tuvimos el honor de compartir escenario con los tenores Plácido Domingo, José Carreras, Javier Camarena, artistas como Guadalupe Pineda, Alejandro Fernández, Fernando de la Mora; de manera personal al trabajar con el mariachi Cuauhtémoc, Los Reyes de Guadalajara y el mariachi Azabache de Lupe Esparza el de ‘Bronco’, nos tocó acompañar a Luis Miguel, a Lola Beltrán y a Lucha Villa que son de los artistas que más recuerdo”, confirmó el músico.

Con 65 años de edad y una impecable carrera, el oriundo de Monterrey destacó que entre las enseñanzas que más atesora está la puntualidad y el respeto al público, cualidades que desde sus inicios siempre lo han distinguido.

“Me siento muy orgulloso de pertenecer a este ensamble de la Máxima Casa de Estudios. Es una satisfacción muy bonita y yo creo que mi mayor aprendizaje es que cada concierto, cada presentación es una experiencia nueva. Pero lo mejor de todo es ser disciplinado, tener ese respeto a los jefes de sección, al compañero que acaba de entrar, pero principalmente al público que se merece un gran espectáculo.

“Decía mi maestro, hay que tener nervios, pero nervios sabrosos de esos que nos hacen sentir emoción y alegría”, afirmó.

El pasado 9 de julio, al término de la interpretación de Carmina Burana en la Arena Monterrey, el Director Artístico de la OSUANL, Eduardo Diazmuñoz, entregó un reconocimiento a Ramón González Gómez por sus 48 años de entrega en lo que fue su última presentación como integrante de la agrupación.

Ramón González está casado con Elvira Platas, es padre de tres hijos y abuelo de dos nietos. Se despide de los escenarios con la satisfacción de haber dedicado gran parte de su vida a la música con valores como la disciplina y el compañerismo, un legado que continuará inspirando a las nuevas generaciones de músicos.

“Fue una sorpresa que no me esperaba, gracias a mi padre Dios, a mi familia por todo su apoyo, a mi hermano Arturo González que me motivó desde un inicio y al maestro Diazmuñoz, porque no tengo palabras para agradecer todo lo que ha significado para mi vida la Orquesta Sinfónica de la Universidad”, finalizó.

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