Pandemia (y valla) separa a familia migrante en Monterrey

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Monterrey, N.L.-
A esta familia de migrantes no los separa un muro fronterizo, los divide una valla metálica al exterior de un albergue en Monterrey, impuesta por el temor de contagios de Covid-19.

Kelvin Rigoberto Borjas y Alva Marina Zúñiga llegaron a la ciudad junto a sus dos hijos con la ilusión de encontrar el trabajo que la pandemia les arrebató en San Luis Potosí, pero desde su llegada a tierras regias el Coronavirus complicó aún más la situación de esta familia hondureña.

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Apenas la noche de ayer Los cuatro descendieron de “la bestia” en la capital de Nuevo León, en donde un familiar ya los esperaba.

Sin embargo, para no incomodar, la pareja decidió pedir asilo de una noche en Casa Indi, pues la mañana de este viernes rentarían un cuarto para iniciar su nueva vida en la “ciudad de las montañas”.

Pero el temido virus del que escaparon les tenía una tragedia mayor aquí: ayer el albergue anunció un brote de Coronavirus entre huéspedes y personal, que al día de hoy asciende a cerca de 30 positivos.

Por tal razón, la casa de apoyo amaneció con una nueva política “nadie sale y nadie entra”.

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Anoche Kelvin durmió en el mismo edifico que los contagiados, pero en un piso distinto mientras que su mujer y sus hijos fueron llevadas al área femenil, que se ubica en otro inmueble.

Alva abandonó esta mañana el albergue para encontrarse con su marido y dirigirse a rentar su nueva morada. Antes de abandonar Casa Indi las encargadas le advirtieron: si sales ya no podrás entrar.

“Yo les dije que estaba bien, que no había problema porque mi idea era venir por él e irnos, nadie me dijo que él ya no podía salir”, expresó la hondureña.

La sorpresa para Alva fue que a su marido no lo dejaron salir del inmueble, a pesar de que habían pedido refugio solo por una noche.

Ante la mirada de agentes de Fuerza Civil que resguardan el albergue, ubicado en la colonia Bella Vista de Monterrey, Kelvin es uno de los cerca de 200 migrantes que fueron aislados en la casa para evitar la propagación del Coronavirus y a los que la Secretaría de Salud les aplicará la prueba PCR.

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Al exterior del inmueble y rodeados por vallas metálicas, los migrantes aguardan bajo toldos su turno para realizarse la prueba, todos con excepción de Kelvin.

Alejado de sus compañeros, el oriundo de Santa Bárbara sostiene la mano de su mujer, separados por una valla.

Bajo los intensos rayos de sol, Alva carga a su hija menor Sofía de apenas nueve meses de nacida y de nacionalidad mexicana mientras que el pequeño Jasiel de tres años juega en la calle sin saber que ese metal lo separa de su padre y de la posibilidad de tener un techo.

Y es que, al abandonar el área femenil del albergue, Alva y sus dos niños se quedaron sin un lugar para dormir.

“Yo no me voy a mover de aquí hasta que dejen salir a mi esposo. Ya les explicamos que sólo veníamos por una noche, nunca nos dieron que nos iban a aislar. Aquí dormiré, no tengo a dónde ir”, dijo la migrante.

De acuerdo con colaboradores el albergue, el aislamiento se podría prolongar semanas para los migrantes, tiempo que Kelvin no está dispuesto a pasar alejado de su familia.

“Yo no puedo comer mientras que mi familia tampoco tenga para comer. Yo no me puedo ir a dormir al dormitorio mientras que mi familia está aquí en la calle.

“Yo ya se los dije que me dejan ir, que mi familia está aquí, que este no era nuestro plan. Ya hasta he pensando en brincarme la barda aunque me detenga la policía”, mencionó desesperado el centroamericano.

Sin comida, sin agua y enfrentando las altas temperaturas de Monterrey, Alva aguarda a que se compadezcan de su esposo y lo dejen salir para iniciar la vida que imaginaron en Nuevo León.

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La desesperación es tal, que el hombre de 33 años ha pensado en desacatar las indicaciones y brincarse al valla, pero el precio podría ser elevado.

De romper el aislamiento, Kelvin podría ser capturado por las autoridades y teme que pueda ser llevado a prisión o incluso deportado, lo que separaría definitivamente a la familia.

Por lo tanto, la pareja ya advirtió que no se separarán que permanecerán cada uno del lado de la valla que les corresponde hasta que sus súplicas sean escuchadas.

Sin importar pasar hambre o sed, el único objetivo de esta familia hondureña es poder reencontrarse para seguir con sus vidas.

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