Reynosa, Tam.-
Las brasas al rojo vivo rechinan en el fondo de un tanque metálico habilitado como asador. El humo y el aroma a pollo frito penetran en el ambiente.
Se escucha un barullo. Personas de a pie van y vienen. Es una muchedumbre que se asienta en un predio inhóspito de la semidesértica ciudad de Reynosa, a las puertas del albergue de inmigrantes Senda de Vida y a unos pasos del río Bravo. De ahí les queda a tiro de piedra el país de sus sueños: los Estados Unidos.
Desde este punto es posible divisar el primero y tercer mundo separados sólo por unos metros y por una muralla de seguridad. La denominada ‘tierra de la libertad’ está cerca pero no todos pueden acceder a ella.
Mientras tanto, en la frontera mexicana se agolpan miles de personas que desbordan la capacidad de los refugios humanitarios. Literalmente viven en las calles, a la intemperie, pero qué más les da, porque prácticamente es igual de peor o mejor que en su tierra natal, donde impera una cruenta ley de terror y violencia.
Haití destaca por ser la primera “república negra” del mundo en constituirse e independizarse, pero también es el país más pobre del continente americano.
De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el fenómeno social que predomina en ese territorio antillano ya ha enviado al éxodo a una quinta parte de sus habitantes.
Y es que la nación fue cuna de 102 guerras civiles, se mantienen las beligerancias y continúa siendo un estado fallido.
Desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021 el abandono de Haití se incrementó de manera alarmante. Es el país que más número de desplazados tiene en el hemisferio norte y su condición crítica los ha obligado a huir a otras latitudes.
Reynosa es una ruta casi obligada de su larga travesía. Algunos miran al sur del continente en lugares como Chile y Uruguay, pero la gran mayoría se encamina hacia la Unión Americana. Pasan por México en cantidades descomunales.
La violencia de los cárteles de la droga no los asusta. En las noticias han escuchado que Tamaulipas es un territorio inseguro, pero en Haití las balaceras son parte de su diario vivir.
Las bandas violan mujeres y masacran familias enteras. Para colmo los terremotos también han dejado colonias en ruinas. Desde este lugar del mundo los haitianos se sienten más tranquilos, aunque tengan que esperar tortuosos trámites.
Quienes tienen familias en los Estados Unidos les ayudan a auspiciar sus hospedajes en la frontera. Los que no poseen los medios se las arreglan pasa sobrevivir.
Trabajan donde les amanezca, improvisan puestos, montan carpas, abren tiendas y entre ellos mismos se organizan.
Justo afuera en Senda de Vida los haitianos han instalado un mercado y la vendimia pinta una atmósfera de olores, colores y sabores, con productos mexicanos, pero sazones caseras.
Los inmigrantes venden frutas, latería, potajes y también pollos asados. Sin duda ésta es una sociedad que ha sido juzgada, maltratada, discriminada, que se niega a morir y renace de las cenizas.




