México, D.F. / Feb. 18
Pasaron casi 8 años en prisión. Sufrieron humillaciones, aislamiento hasta por tres meses, tortura física y sicológica. Niegan que sus padres pertenezcan a algún grupo e insisten en que no pusieron los petardos en las sucursales bancarias en 2001.
Ahora, los hermanos Héctor y Antonio Cerezo Contreras intentan recuperar su vida, concluir sus estudios universitarios, enrolarse en la defensa de los derechos humanos y publicar sus poesías.
En entrevista con EL UNIVERSAL, son claros al asegurar que no buscan integrarse a un partido político ni aceptar candidaturas. Les interesa ponerse al corriente de lo que ha pasado en el país, porque durante los últimos tres años de reclusión no tenían acceso a periódicos y revistas.
De la emoción de salir de prisión ni durmieron. Las primeras 24 horas de su libertad se dedicaron a dar entrevistas y pasaron la tarde en la cafetería que tiene el Comité Cerezo en la Facultad de Filosofía y Letras en Ciudad Universitaria. Casi nadie los reconoció. Eran dos visitantes más. Ya han pasado dos generaciones.
Los hermanos Héctor, Antonio y Alejandro Cerezo Contreras fueron detenidos y encarcelados por ser presuntos responsables del estallido de tres petardos en sucursales de Banamex el 8 de agosto de 2001. El atentado fue reivindicado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP). Alejandro fue liberado en marzo de 2005.
Este lunes recobraron su libertad Antonio y Héctor, salieron del Centro de Readaptación Social de Atlacholoaya, Morelos.
Héctor considera que el gobierno necesitaba fabricar culpables para probar su eficacia y aclarar el caso de los petardazos. Los hermanos reunían cierto perfil que podría considerarse peligroso: Eran estudiantes, realizaban trabajo comunitario en zonas indígenas, escribían.
—¿Crees que haya influido que tus papas presuntamente formen parte de un grupo armado?
—Eso es lo que ha manejado el gobierno, pero en proceso nunca se manejó.
Antonio y Héctor Cerezo aseguran que no saben dónde están sus padres, de los que se independizaron desde que tenían 15 años, casi el mismo tiempo que llevan sin verlos, según comentan.
—¿Sabes dónde están tus papas?, se le pregunta a Héctor.
—No, no sé
—¿Forman ellos parte de algún grupo armado o clandestino?
—No, no lo sé
Para Antonio lo “duro” inició con la detención: Tortura, amenazas de castración y de muerte, “llegar a la cárcel es brutal, el área de conductas especiales es muy duro”.
Los hermanos Cerezo Contreras coinciden en que su ingreso al penal del Antiplano fue brutal. De inmediato los enviaron al área de “conductas especiales”, conocida como zona de castigo, por consigna de las autoridades. Después vino la segregación, aislamiento, llegaron a pasar 23 horas al día encerrados y sólo una hora de patio, no tenían otra distracción. Les controlaban hasta las lecturas.
Héctor y Antonio se enviaban cartas que les tardaban casi 2 meses en llegar aunque estaban en el mismo penal. Su hermana Emiliana fungió como mensajera.
A los Cerezo les quitaron el delito de terrrorismo, daño en propiedad ajena, uso de explosivos.
“Nosotros no pusimos los explosivos, el juez es claro, no nos puede culpar ni sentenciar por ningún hecho delictivo, entonces a qué recurre, a la delincuencia organizada que por sí misma es un delito y por indicios nos sentencia por delincuencia organizada, resulta que nos detienen por los petardazos de los bancos, somos exonerados y seguimos presos”, expresó Antonio.
Se les oye contentos cuando hablan de sus planes. Héctor quiere publicar una novela de ficción y Antonio sus poemas, pretenden participar en movimientos en defensa de los derechos humanos, terminar sus estudios, retomar su vida.
Vivirán con sus hermanos Francisco y Emiliana.
—¿Tenías novia?
—Pues sí, son los costos de la prisión, me pasó como a muchos presos, me abandonó, dice Héctor.
Los hermanos Cerezo quieren
ser activistas pro derechos


