Ciudad Madero, Tam.-
El sacerdote Ángel Vargas narró cómo vio desplomarse el techo y la manera en la que los asistentes a un bautizó quedaron bajo los escombros.
Una misa mantenía ocupada a parte de la feligresía que asistía a la parroquia de la Santa Cruz en la colonia Unidad Nacional de Ciudad Madero.
Un bautizo se celebraba, por eso es que había varios menores, algunos de los cuales perdieron la vida.
“Vi muchas personas, vi niños, pude ver niños, hoy están junto a Dios, seguramente hoy están con Dios, pero el dolor no se podrá quitar”, señaló insistentemente aún llorando el párroco.
Sensible y muy dolido así se mostró el reconocido sacerdote del sur de Tamaulipas, porque antes ya había estado comisionado en Altamira y desde hace algún tiempo está dedicado a la parroquia de Santa Cruz de Madero.
Una foto dio vuelta en los medios tradicionales así como en las redes sociales y esta fue cuando a la llegada del señor Obispo José Armando Álvarez Cano, al igual que varios sacerdotes para mostrar solidaridad y conocer a detalle y de primera mano cómo había ocurrido la tragedia que enlutó a varias familias maderenses.
Fundidos en un abrazo, llorando párroco y obispo, se les vio muy afligidos ante toda la gente que atestiguó este triste episodio, desahogándose por la forma en la que miró desaparecer delante de sus ojos a 70 personas, entre éstas a varios pequeños a quienes no volverá a ver ahí sentados en misa, celebraciones o festejos católicos.
Más tarde al revisarse la presión y la glucosa el líder de la comunidad católica en ese sector de Ciudad Madero no dejaba de sollozar, iba y venía del sitio de dónde horas antes habia colapsado el techo, hasta las calles aledañas que habían sido utilizadas para colocar el escombro retirado y que a la vez también serviría como centro de acopio.
Agradeció el sacerdote la solidaridad de una inmensa comunidad que no solamente ora por ellos, sino que acudió a ayudar tanto al rescate como a llevar herramienta, agua y comida.
El terreno donde se ubica la parroquia, de unos 30 metros por 20 metros, quedó reducido a escombros y varillas retorcidas. Las bancas que se utilizaban de manera casi a diaria quedaron convertidas en pedazos de madera, que los voluntarios estuvieron haciendo hacia los lados de las calles.
El domingo primero de octubre quedará sin dudarlo en la historia de los maderenses que vivieron una pesadilla, una tragedia, un dolor que difícilmente podrá ser olvidado.
Pero el padre Ángel Vargas está vivo de milagro, la ubicación en el altar en donde él se encontraba al momento que colapsó el techo permitió que fuera si no el único, sí de los únicos que logró salir sin un rasguño.
Ahora en su mente guardará la desgracia de la cual difícilmente se podrá separar.




