Coacalco, Méx.-
Nadie da trabajo a jóvenes con síndrome de Down y después de los 18 años de edad “ya no hay nada para ellos”, aseguró Martha González León, dirigente del Centro Educativo de Capacitación y Productividad para Personas Autistas (Cecappa).
“Ellos son muy trabajadores. No queremos que nos regalen, queremos que trabajen”, dijo la mujer.
Afirmó que las personas con síndrome de Down son discriminadas y excluidas de centros de trabajo.
“Como mamás de jóvenes especiales decidimos hacer una asociación, porque después de los 18 años ya no hay nada para ellos. Nuestro objetivo es que sean personas laborables. Ellos fabrican dulces, hacen manzanas, venden sus productos, nosotros queremos gente emprendedora”.
El Cecappa tiene sede en el Centro Social de la Laguna, prestado por el gobierno municipal, aunque el espacio es muy pequeño para albergar a los 24 jóvenes, maestros y padres de familia, y cada vez se integran más personas.
“Necesitamos un espacio más grande para hacer una especie de taller laboral, donde todos, desde el que menos puede hasta el que más puede, trabajen en línea, ese es nuestro sueño y creo que lo vamos a lograr, porque ellos son muy trabajadores”, reiteró González.
Expresó que muchas personas se preocupan por estar delgados o guapos, en tanto que los jóvenes con Down quieren trabajar, lo que ayuda a su integración social.
María Dolores Santos Moreno, maestra pensionada, ayuda en el Cecappa y participa en la formación de los jóvenes para el trabajo.
González León informó que el mercado laboral está cerrado totalmente, pues “dicen que tiene discapacidad intelectual, ‘cómo cree que le demos trabajo a una persona con discapacidad intelectual’.
Pero hay que buscar qué es lo que puede hacer, todos tienen derecho a tener una vida laborable.
Tampoco se vale que estén empacando en los supermercados y las personas les pongan mala cara o los desprecien. Porque es real, a veces hasta la familia los desprecia”.
La dirigente agregó que alguna vez pidió a una maestra del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) apoyo para impartir clases: “Aún hay muchísima discriminación, estamos muy cerrados a trabajar con ellos. Le pedí una vez a una maestra de INEA, ‘oiga, apóyeme con los muchachos’ y me dice, ‘es que me dan miedo’, pero por qué miedo, si nuestros hijos no son personas que causen miedo, al contrario están llenos de energía y para nosotros, como mamás y como maestras, es un placer trabajar con ellos”, añadió.
Los jóvenes del Cecappa elaboran tamarindo, chocolates, manzanas enchiladas y manualidades, pero tienen problemas para distribuir la producción, que muchas veces se queda y se echa a perder.


