El Centro Histórico del DF revive de noche

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México, D.F.-
Desde hace 5 años, en el Centro Histórico se camina de noche, calles como Madero, Gante, Juárez, Regina, Cinco de Mayo, Isabel la Católica y Bolívar vibran con jóvenes de diferentes códigos postales que convergen en un mismo sitio donde es posible encontrar una cerveza de la misma marca en 15 pesos o 60, según el lugar. Los bares son variados, opuestos entre sí, una modesta presencia de sitios para jóvenes de clase alta y mucha variedad para los de clase media y baja.

“Se trata de la primera generación que revive el Centro Histórico”, dice Héctor Castillo Barthier, doctor en sociología e investigador de la UNAM, quien además asegura que éstos jóvenes vinieron a darle vida al Centro Histórico más grande de Latinoamérica que por décadas permaneció apagado, sin vida, sin luz, pero que hoy, gracias a miles de chicos que deciden llevar una vida nocturna en él y a empresarios que han apostado por revivirlo, es un nuevo escenario nocturno en la ciudad de México.

Ínti Muñoz es el director del Fideicomiso del Centro Histórico y asegura que éste es el único espacio público en la ciudad donde en un mismo cuadro conviven todo tipo de jóvenes que utilizan el espacio de forma plural en las noches.

“Tenemos jóvenes de la periferia, que hallan en el Centro opciones que no existen en otros espacios, y jóvenes de todas las delegaciones en calles como Madero, donde hay un bar de jazz para gente mayor de 30 años y con una capacidad económica mayor que los que están a 200 metros, en algún bar donde jóvenes muy jóvenes, la mayoría del oriente de la ciudad, escuchan rock en vivo y, en medio de uno y otro lugar, puede haber dos extranjeros junto a dos universitarios cenando en un bar de la calle Gante”, reconoce.

“Las noches del Centro están más vivas que nunca. En los últimos cinco años, los jóvenes han puesto sus ojos en el Centro como un sitio de esparcimiento nocturno. Hoy hay alrededor de 100 lugares para divertirse en la noche y 50% de ellos se abrieron de 2008 para acá”, dice.

Para José Antonio Pérez Islas, investigador de la UNAM y experto en juventud, la característica que distingue al Centro Histórico de otros lugares de la ciudad de México es que en una misma calle pueden coincidir un joven de Iztapalapa con uno del Pedregal. “El Distrito Federal esta polarizado y en el Centro se pueden juntar dos tipos de jóvenes que de otra forma nunca se verían”.
Una oportunidad
Rubén Silva es empresario en el Centro, dueño de ocho bares en el primer cuadro, y dice que en un fin de semana hasta sus calles llegan 2 millones y medio de visitantes, algunos son nocturnos, la mayoría jóvenes de menos recursos que los que visitan la Condesa, Polanco y la Cuauhtémoc. Aunque existen sitios para todos los bolsillos, en el último año, cadenas de restaurantes clásicos de la Condesa han abierto sucursales en Isabel la Católica. Hoy es común que un viernes en la madrugada la calle de Madero esté llena de chicos caminando en grupo, algunos vienen desde avenida Juárez hasta el Zócalo y comienzan a repartirse en más de 50 lugares que rodean esas dos calles, otros estacionan sus automóviles en alguno de los estacionamientos que, desde hace un par de años, se han beneficiado con la vida nocturna y abren sus puertas las 24 horas.

Es un sitio seguro para caminar, quizá más que Amsterdam en la Condesa o Masaryk en Polanco, pues siempre hay presencia de policías que resguardan cada 200 metros el corredor.

Rubén Silva, el empresario, cuenta que comenzó en 2003 con el café Gante cuando en la calle sólo existía este bar, 10 años después hay más de una docena alrededor, “el verdadero auge del Centro ocurrió en 2008 con la creación de bares como el Pasaguero, el Cinco, el Bicentenario, el Pasaje América y algunos otros que comenzaron a darle vida a las calles que por años se apagaban después de las ocho de la noche” dice.
Respeto de la ley, prioridad

Inti Muñoz agrega que el Centro se ha convertido en un lugar cada vez más seguro aunque, en efecto, “tenemos un reto importante por delante, en las zonas donde la regeneración urbana aún no se ha completado. Es el caso de la zona que circunda Garibaldi y una parte del Oriente. Estamos trabajando en ello junto con la SSP y la delegación Cuauhtémoc”.

La nueva vida nocturna, expresa, es un reflejo de la reactivación urbana y del espacio público que tiene lugar en el Centro Histórico de día. Es bueno que suceda siempre, que sea una actividad equilibrada, respetuosa de la ley y de las otras funciones del Centro Histórico.

“Estamos trabajando para que los nuevos y los viejos establecimientos nocturnos sean corresponsables respecto a la revitalización del Centro y respetuosos de las normas. No se puede vender alcohol en la calle ni tener sobrecupos. Se puede vender alcohol sólo con alimentos y nunca a menores de edad. Se tienen que respetar escrupulosamente los límites de ruido (63 decibeles), los límites en la publicidad exterior, los horarios de servicio y los requisitos de Protección Civil. Pronto tendremos que trabajar juntos en opciones eficaces para el estacionamiento de autos y las formas de transporte y movilidad que se necesitan para una actividad nocturna funcional y sostenible”.

Rubén Silva cuenta que el mercado se fue moviendo hacia la clase media y baja porque son quienes encontraron en el Centro un lugar para divertirse en una zona de fácil acceso, con mucha variedad y con precios accesibles.

“Hace 5 años nosotros apostamos por ofrecer cerveza a un precio económico y funcionó en nuestros primeros bares. Llegamos a tener lista de espera desde las tres de la tarde por la necesidad que había de los jóvenes de divertirse en un sitio céntrico y barato”, afirma.

Los ocho bares ofrecen 2 mil 500 sillas en todo el Centro, Rubén Silva es el dueño de los Salones Sol, quizá de los de mayor afluencia, abrieron primero en Venustiano Carranza y luego en Juárez.

“Dábamos la cerveza barata y en un viernes teníamos que dejar a mucha gente sin entrar, vimos una oportunidad de negocio y abrimos mas lugares con el mismo perfil”, dice.

Hoy tenemos cuatro sucursales del Salón Sol en el primer cuadro, siendo la de Juárez la más grande del Centro Histórico, con mil 200 metros cuadrados y capacidad para recibir mil 400 personas de las 2 de la tarde a las 2 de la mañana, que en un buen viernes llega a vender mil 800 litros de cerveza, de acuerdo con Silva. Justo al lado del Salón más grande del Centro se encuentra Juárez 32, un edificio de seis pisos, con un bar en cada piso, desde avenida Juárez se observa una terraza iluminada con focos de colores y un letrero grande que anuncia que ahí hay cerveza de 15 pesos.
Lo oscuro del CH

Los agente de la policía, que debería inspirar seguridad en medio de la vida nocturna del Centro Histórico, a veces generan desorden, se quejan los paseantes.

En un fin de semana cualquiera, cuando las cantinas y otros antros están a tope, en las calles cercanas a la Asamblea Legislativa, “los viene-viene operan libremente y nos sacan entre 15 y 50 pesos, las motos circulan a toda velocidad y ellas van dos o hasta tres muchachos sin casco, sin que a los patrulleros del sector les llame la atención. Pasan muchas cosas fuera de ley y parece que nadie las ve”.

El denunciante se queja de que policías acechan a los jóvenes, a veces con las luces de las patrullas apagadas, y cuando cambian de bar o que salen rumbo a sus casas, los agarran in fraganti, con un vaso de cerveza en la mano. “Al presunto culpable lo suben a la patrulla, se lo llevan unas cuadras adelante, lo extorsionaron con 100 o 200 pesos para pasar por alto la falta administrativa y ahí queda”.

Es raro que una patrulla detenga a algún viene-viene, en cambio no pasa un fin de semana sin que se vea a un grupo de muchachos en edad universitaria siendo extorsionado por alguna patrulla.

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